Cuando el hombre no quiere tener hijos

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Existen hombres que manifiestan su deseo de ser padres pero, sin embargo, llegado el momento de planificar la llegada de un hijo, se dan cuenta que ese sentimiento no tenía tanto que ver con el proyecto de formar una familia,  sino con un mandato familiar, social o cultural. Otros, en cambio, directamente le huyen a la posibilidad de ser padres en el momento en que sus mujeres les plantean esa posibilidad.

Desde que era una nena, Daniela (32) supo que cuando fuera grande le gustaría ser madre. Desde hace dos años y medio está en pareja con Lucas (30) a quien desde un inicio de la relación le comentó esos deseos. Luego de convivir durante casi un año en su casa, de un día para otro, él le expresó que, por el momento, no quería ser padre. Tras una intensa charla, él tomó sus cosas y se fue del departamento.

Como el caso de Daniela y Lucas existen muchas parejas que atraviesan este tipo de situaciones que en la mayoría de los casos puede terminar con la ruptura del vínculo. Y en otros, las mujeres sacrifican ese anhelo de ser madres para no perder a su compañero.

Existen hombres que manifiestan su deseo de ser padres pero, sin embargo, llegado el momento de planificar la llegada de un hijo, se dan cuenta que ese sentimiento no tenía tanto que ver con el proyecto de formar una familia,  sino con un mandato familiar, social o cultural. Otros, en cambio, directamente le huyen a la posibilidad de ser padres en el momento en que sus mujeres les plantean esa posibilidad. También están los que ocultan esa decisión con tal de no peder a la mujer que aman.

Cuando estos hombres manifiestan sus ganas de no convertirse en padres, si esto no ha estado lo suficientemente hablado por ambos, puede llegar a desestabilizar ese vínculo, con la consecuente ruptura de la relación.

“Que un hombre no desee tener hijos con una no necesariamente debilita nuestra autoestima.  Si sabemos quiénes somos y qué queremos, no va a afectarnos.  La elaboración del tener hijos o no es individual y ambos miembros deben tener eso bien en claro al iniciar y al continuar una relación. El por qué alguien prefiere no tener hijos es un tema del individuo que no los desea, y está en una qué hacer con eso”, dice la licenciada en Psicología Patricia Feldman.

“Si el vínculo entre la pareja no está lo suficientemente fortalecido y los deseos de uno y otro miembro difieren en absoluto y no pueden llegar a un consenso  puede ocurrir que la pareja se rompa. Hay que tener presente que ser padre o madre son funciones que suponen un trabajo psicológico intenso para conseguir identificarse con los propios padres. Cuando las relaciones con ellos son ambivalentes, es muy difícil ponerse en su lugar con lo cual habría que investigar que hay detrás de la decisión de no convertirse en padre”, explica la licenciada en Psicología Paula Arrieta.

Ayelén  Valvi (37) estuvo en pareja durante siete años y desde que comenzó la relación ambos compartieron la idea de ser padres. Sin embargo, en el último tiempo él comenzó a esquivar el tema hasta que le confesó que formar una familia no estaba entre sus prioridades. “Me quedé helada, no lo podía creer. Fue una desilusión enorme porque era la persona que amaba y con la cual tenía muchos proyectos”, se lamenta. Y agrega: “Después de reflexionar y hacer terapia decidí terminar con él porque es más fuerte mi deseo de ser mamá”.

Muchas veces, los hombres suelen mantenerse en una postura neutral, donde si bien expresan intenciones de formar una familia con hijos incluidos, hasta no llegado el momento de planificarlo, no toman real conciencia y magnitud de lo que realmente significa.

Un caso que puede suscitarse es cuando la relación se forma en la adolescencia y después de años se plantean el tema de ampliar la familia y recién en ese momento la mujer se da por enterada de la negativa de su pareja. “Pero habitualmente la idea de los hijos es una fantasía compartida cuando hay amor; y si hubo diálogo, ambos deberían estar advertidos de las ideas del otro. Si crecieron juntos y ante la evolución él cambió de opinión o recién ahí se lo puso a pensar en serio y no quiere o no se anima, esto cambia los términos de la relación, del contrato”, asevera la licenciada en Psicología  Lila Isacovich, coordinadora institucional de la Fundación Buenos Aires.

Diferente es la situación de una pareja que se inicia ya en una edad adulta, cuando el hombre, tal vez, ya tiene hijos y no piensa tener otros. En esos casos, debería plantearse abiertamente para que la mujer pueda decidir si quiere o no continuar la relación en esas condiciones y sacrificar su maternidad en función de la pareja.

La reversibilidad o no de la decisión dependerá en gran medida de los argumentos que se expongan y detrás de ellos el motivo latente de la elección. Muchas veces, en un principio, es el miedo a perder cosas del presente lo que lleva a los hombres a plantear no tener hijos.  Para modificarla, es importante que la pareja pueda trabajar internamente sobre sus sentimientos, pero también ponerse en el lugar del otro. A veces, la terapia de pareja puede ser útil para exponer ante un especialista todos esos sentimientos en palabras.

“Si la terapia llega a buen puerto, seguramente sea él quien revise su negativa, si es que no hay un impedimento real. Muchas veces son resistencias inconscientes que se ponen en juego, miedos que hay que disolver, inseguridades en cuanto a la función paterna y masculina. Muchos hombres aducen no estar preparados para enfrentar ese compromiso de por vida o no tener idea de cómo ejercer de padres”, explica Isacovich.

Pero cuando la decisión se torna definitiva, en la mayoría de los casos la mujer siente una profunda desilusión y un sentimiento de enorme vacío que la lleva a terminar con el vínculo ya que, ante todo, prioriza su deseo de ser madre.

Sin embargo, muchas veces las mujeres resignan su propio deseo sólo por el miedo que les acarrea la idea de que su hombre las deje, aunque muchas otras veces toman la decisión luego de un largo proceso de aceptación de la situación.

“En primer lugar se deberá llegar a un acuerdo en donde cada uno de los integrantes esté conforme con la decisión tomada. Que la mujer este de acuerdo en renunciar a su deseo de maternidad es algo que dependerá de la historia afectiva de ella y de la relación que haya establecido con su pareja. El diálogo sincero es el mejor camino para arribar a una conclusión sana para ambos”, recomienda Arrieta.

En este último caso, cuando la mujer renuncia a la maternidad, la capacidad de hacer ese duelo por su deseo frustrado tendrá que ver con la fortaleza y las defensas psíquicas con las que cuenta y también con los motivos que llevaron a esa decisión.

 

Qué hacer?

 

  • Que la pareja se abra a un dialogo franco en el que cada uno logre explicar qué fantasías y temores le despierta la idea del hijo.
  • Que cada uno logre explicar los argumentos de sus decisiones, que son en definitiva más importantes que la decisión en si misma.
  • Que cada uno de los integrantes logre estar totalmente de acuerdo con la decisión para evitar futuros problemas.
  • La decisión debe tomarse en pareja para así poder evitar futuros reproches por la infelicidad que podría acarrear la decisión de no ser padres.
  • Refugiarse en la familia y los seres queridos.
  • Compartir la experiencia con otras mujeres que pasaron por la misma situación.
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