“Al volver de Malvinas nadie se quería hacer cargo de la derrota, el veterano era invisible”

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Alfredo González tenía 20 años y Jorge Verri 19. Los dos se encontraban finalizando el servicio militar en el Regimiento 1 Patricios. Sin embargo,  el 13 de abril debieron viajar para combatir en la Guerra de Malvinas. “Nos trataban muy mal nuestros superiores. Recibíamos golpizas, estaqueos, era algo denigrante. También sufríamos la discriminación en el reparto de la comida”. Las dificultades tras el regreso de Malvinas. ¿Cómo salieron adelante? Los grupos de pares. Las emociones que sintieron cuando fueron homenajeados en la cancha de Huracán, el club de sus amores.

En marzo de 1982, Alfredo González tenía 20 años. Jorge Verri 19. Ambos se encontraban finalizando el servicio militar en el Regimiento 1 Patricios. A partir del 2 de abril quedaron acuartelados. Y el día 10 se enteraron que iban a ir partir hacia Malvinas donde finalmente salieron el 13 con  destino a Río Gallegos.

El 1 de mayo comenzaron los bombardeos, recuerdan. Los dos (como la gran mayoría de los jóvenes soldados) tenían mucho.  Para esos días ya estaban acostumbrados a vivir con un arma y a dormir en un pozo.  Mientras tanto, en Buenos Aires las noticias parecían alentadoras. “La Argentina estaba ganando la guerra”.

“Veíamos luces de aviones que caían al lado nuestro. Ninguno habíamos vivido esas circunstancias. No éramos conscientes de lo que estábamos viviendo. No dudábamos de por qué nos tocaba estar en la guerra, nunca pensábamos en no ir”, recuerda Jorge a la distancia.

“Nos trataban muy mal nuestros superiores. Recibíamos golpizas, estaqueos, era algo denigrante. También sufríamos la discriminación en el reparto de la comida. Nos negaban la atención médica”, añade Alfredo, que una vez que finalizó el combate denunció a un cabo y a un teniente.

Como consecuencia del frio que pasaron, Alfredo tenía muy hinchas sus piernas y sus pies y tuvo que ser trasladado por un compañero a la enfermería. Al llegar a Buenos Aires lo operaron cinco veces y tiene amputado varios dedos de uno de los pies. “Quería que todo se terminara lo antes posible. Sin embargo, siempre pensé que iba a volver, es algo que no tiene explicación. Las ganas de vivir seguramente ayudaban a pensar y a sentir de esa forma”.

Las dificultades de la vuelta

Como la gran mayoría de los combatientes de Malvinas, Jorge y Alfredo coinciden en que lo más difícil fueron los días posteriores a la guerra. “Cuando volvimos no existíamos, al volver nadie se quería hacer cargo de la derrota. El veterano era invisible, era mejor no decir nada cuando iba a buscar un trabajo. Pasaron muchos años hasta que la gente pudo separar lo que fue la Dictadura de la Guerra de Malvinas”, reflexiona Jorge.

“Nos imaginábamos volviendo triunfantes y eso no pasó. Hay una etapa de negación, estuve años sin ir a un cuartel, nunca pude leer las cartas que les había enviado mi familia”, rememora Alfredo.

Sin embargo, sacaron fuerzas desde donde, tal vez, ni siquiera ellos sabían que las tenían. Porque, al fin y al cabo, la vida debía continuar. “Si puedo mirar hacia atrás veo que conté con herramientas que no sé de donde las saqué. Me aferré a la formación que había tenido en casa a la hora de tomar decisiones. Si no me morí en esas circunstancias, te animas a todo. Dejé de ser sensible a muchas cosas. Me hizo muy bien hablar con otros Veteranos, eso me ayudó mucho. Aprendí a convivir con esas otras historias y nos sentíamos muy identificados”, confiesa Jorge.

Como suelen hacerlo en muchas oportunidades, el pasado lunes 20 de noviembre, día de la Soberanía Nacional, brindaron una charla sobre la Guerra de Malvinas organizada por la ONG “Corazón Quemero”. Mostraron un video de imágenes suyas en Malvinas, contaron su experiencia durante el conflicto armado y respondieron, muy amablemente, todas las preguntas de los presentes.

Además de haber compartido la guerra, tanto Alfredo como Jorge nacieron y se criaron en Parque de Los Patricios. Y ambos son fanáticos de Huracán. Y una de las cosas más lindas que les tocó vivir post Malvinas fueron los reconocimientos que le brindaron en el club de sus amores. Ya los homenajearon tres veces, les entregaron medallas, los hicieron desfilar por el césped del “Ducó” y hasta los nombraron socios honorarios. “Los homenajes en la cancha de Huracán fue de lo más lindo que me pasó, fue conmovedor recibir los aplausos de toda la gente del globo”, concluye Alfredo.

 

 

 

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