¿Prohibido relajarse en las vacaciones?

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Son personas que no pueden desenchufarse en las vacaciones. No hay caso. Suelen estar más pendientes de su whatsapp o de su  iPhone que de disfrutar el tiempo de descanso en familia. En algunos casos estos comportamientos pueden describirse como normales o un poco más exagerados. En otros, se puede llegar a tornar, incluso, como algo adictivo.

Mirta Savoy (60) maneja una empresa de lavado y desinfección de alfombras y tapizados. Cuando se va de vacaciones sigue trabajando porque no logra desenchufarse. Se lleva su celular, la tablet, la computadora, facturas, calculadora  y talonarios de recibo a la playa. Y atiende las consultas de sus clientes a cualquier hora porque no está dispuesta a que estas personas elijan otra firma ante la falta de respuestas. “Es muy agotador para mi cabeza y para los que están al lado mío. No les gusta, me rezongan y terminan enojándose. Por supuesto que quisiera modificarlo, pero por ahora no le encontré la solución”, confiesa Mirta.

Como su caso hay miles. Son personas que no pueden desenchufarse en las vacaciones. No hay caso. Suelen estar más pendientes de su whatsapp o de su  iPhone que de disfrutar el tiempo de descanso en familia. En algunos casos estos comportamientos pueden describirse como normales o un poco más exagerados. En otros, se puede llegar a tornar, incluso, como algo adictivo.

Si bien afecta principalmente a los hombres debido a su rol social de proveedores,  en los últimos años se ha extendido también a las mujeres. La mayoría de estas personas tienen una profesión o puesto jerárquico con posibilidades de ascenso pero también se presenta en gran medida en trabajadores que no tienen estas posibilidades de mejoría ni modificación de la situación.

“Este tipo de actitudes está impulsado por el miedo y la ansiedad, les ayuda a mantener la calma estar atareado y con ello puede evadirse de angustias muy profundas, con lo cual estar alejado de la actividad laboral,  los abruma. No pueden dejar de trabajar, ello es un acto impulsivo, en consecuencia les cuesta mucho descansar. Esta obsesión hace que poco a poco vayan abandonando situaciones generadoras de placer y pierdan la capacidad de disfrute”, expresa Patricia Montes, Psicóloga Clínica, Psicoanalista, especialista en Adicciones.

¿Descanso o más trabajo?

Mónica Scrugli (51) es counselor y acompañante terapeútico y confiesa que cuando se va de vacaciones no puede desconectarse de su trabajo pensando en sus consultantes, en las tareas que quedaron pendientes, preparando nuevas estrategias y leyendo libros sobre esas temáticas. “En marzo del año pasado estaba de vacaciones en Brasil con unas amigas y una noche, a eso de las 22, me llegó un whatsapp de una de mis consultantes pidiéndome ayuda por un problema que tenía. La escuché y pedido de mis amigas, que me decían que estábamos de vacaciones, le dije que al otro día temprano nos comunicábamos. Y mientras ellas dormían, yo pude hacer mi trabajo. La gente que comparte las vacaciones conmigo no se banca mucho esto, me prohíben estar con el celular y a cada rato me dicen que me relaje que estamos descansando”, dice Mónica.

Sin lugar a dudas que la prevalencia cada vez en mayor auge de la tecnología (y con el aumentos de la cantidad de dispositivos y formas de estar siempre en red) en nuestras vidas, en cierta parte, fomenta ese tipo de reacciones. Quienes manejan estos nuevos medios de comunicación parecen estar “siempre disponibles”, conectados las 24 horas, aún en vacaciones. En aquellos momentos en los que supuestamente deberían relajarse, aparecen grandes dificultades para dejar de lado aquello que nos conecta al mundo, a los otros, a nuestro trabajo.

“La omnipresencia y la instantaneidad de los contenidos de la red dan lugar a que aquellas personas que viven conectadas sientan la necesidad de estar pendientes de lo que allí se muestra, por temor a sentirse excluidos de aquello que “se estarían perdiendo”. ¿Qué ocurre si en mi ausencia mis compañeros de trabajo logran cerrar un nuevo negocio sin mi participación?”, analiza Melina Hoijemberg, licenciada en Psicología. Y agrega: “Es allí cuando trabajadores comienzan a sobrecargarse con tareas, cuestiones que nadie más puede resolver como ellos lo harían. Este exceso de información virtual, sumado a la sobrecarga de responsabilidades laborales, son parte de los factores estresores que dificultan la posibilidad de desconectarse durante las vacaciones. Y permanecer siempre pendientes, para no perderse nada, genera un nivel de ansiedad que obstaculiza la posibilidad de relajarse, aún en los momentos de ocio”.

Sergio Pérez (46) actualmente se encuentra con sus hijos de vacaciones en la  Costa Atlántica. Trabaja como Ejecutivo de Cuentas Pyme y su función consiste en contactar empresas y ofrecerles líneas de créditos (descuento de cheques, factoring, etc). “Como mi trabajo es en parte un free lance y el sueldo en gran parte se compone por comisión, mi fuerte de ingreso se realiza de mi cartera propia de clientes. Por eso no puedo dejar de lado alguna solicitud de parte de ellos estando o no de vacaciones. Casualmente, esta mañana me llamó un cliente solicitando cotización de un lote de cheques para negociar al día, me mandó las imágenes por whatsapp y yo lo remití a la oficina de la financiera donde trabajo. Luego, me dieron cotización, le respondí al cliente y se hizo la operación”, cuenta.

Cuando este tipo de conductas suelen ser adictivas, por lo general suelen generar daño en sus vínculos familiares. No pueden compartir actividades, suelen simular cansancio como excusa para quedarse trabajando, evadiendo  y descuidando a su familia. ¿Cómo puede ayudar el entorno? “No legitimando esta conducta, y marcarla como disfuncional, aceptando el cuadro familiar que se presenta aunque sea doloroso, la aceptación es un primer paso para ayudar a concientizar a la persona que padece. Prestando atención a estos indicadores, e intentando lograr que la persona tome conciencia de que está atravesando por una situación para la que, quizás, necesita ayuda terapéutica”, concluye Montes.

CONSEJOS PARA ESTAR MÁS RELAJADOS

Si bien es casi imposible vivir desconectados, la licenciada en Psicología Melina Hoijemberg sostiene que se pueden tener en cuenta algunas pautas para limitar, de alguna maner, el tiempo que estamos expuestos a las redes y a la demanda laboral, intentando así encontrar momentos para vincularnos de otra manera con las personas más cercanas y significativas en nuestro día a día. Para eso es importante:

 

  • Establecer prioridades: teniendo en cuenta que se nos ofrece una cantidad infinita de información, intentar centrarnos en las personas y datos que nos resultan realmente interesantes, dejando de lado aquello que resulte innecesario.

 

  • Poner un límite diario al tiempo de conexión durante las vacaciones. Encontrar un momento del día en el que queramos acceder a esta información y establecer un plazo de tiempo que le dedicaremos diariamente.

 

  • Permitirnos descansar, tener tiempo de ocio “sin hacer nada”, contemplando el paisaje, manteniendo una buena charla, leyendo un libro. Esto no es perder tiempo, es ganar calidad de tiempo compartido o en soledad. Las mejores ideas aparecen en aquellos momentos en los que podemos relajarnos y dar lugar a la creatividad.

 

PUBLICADO EN CLARÍN

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