Amores de verano: romances con extranjeros

Mar del Plata: 27-1-18 playa Grande sexo  en verano
foto: Fabiian Gastiarena

Hay historias que duran unos días, una semana o el tiempo que esas personas coincidan en el mismo lugar. A veces es un touch and go o se trata de disfrutar plenamente del momento sin pensar en el largo plazo. Pero también puede que el romance puede continuar más allá del veranito.

Son  vínculos que surgen espontáneamente, suelen ser intensos, impulsivos e idealizados. La atracción por lo extraño, la curiosidad y el acento de un idioma seduce y atrae hacia este tipo de experiencias. El marco de relax, sin estrés ni presiones familiares o laborales de las vacaciones constituye el escenario ideal para animarse a vivir un romance apasionado con extranjeros.

Una encuesta realizada en el año 2017 por la aplicación Tinder entre usuarios de Latinoamérica, arrojó que en la Argentina el 84% de los hombres y el 60% de las mujeres están predispuestos a vivir un romance con gente de otros países.

“El contexto puede influir para que estos vínculos prosperen. El estar en un país desconocido, las ganas de divertirse, la sensación de libertad y el tiempo ocioso, e incluso el cambio de idioma, son solo algunas de las variables que influyen en los amores con extranjeros. Estos amores, por su parte, pueden ser vividos en forma más intensa y sin inhibiciones, con ciertos permisos y licencias que no se darían en la ciudad de origen”, expresa Mariana Kersz, Psicóloga y Sexóloga.

Cuando tenía 17 años Livia Schmid llegó desde Suiza a la Argentina como intercambio cultural. En el colegio conoció a Facundo, al principio fueron amigos pero el amor no tardaría en llegar.  “Para año nuevo  nos dimos el primer beso y de ahí no nos separamos más hasta mi regreso a Suiza en julio. En esa época estaba convencida de que era amor, sufrí muchísimo cuando me tocó volverme a mi país. Seguro que el hecho de que nuestro romance tuviera fecha de vencimiento lo hizo más intenso e interesante”, recuerda Livia.

“Sin duda son relaciones que se dan más entre la gente joven, pues su vida social es más activa y eso aumenta las posibilidades de conocer gente nueva y en este caso, extranjeros. Sin embargo, cualquier persona con ganas de vivir una aventura fugaz, sin expectativas a largo plazo, y que tenga la oportunidad de conocer este tipo de gente, puede vivirla”, puntualiza   Mariana Matarucco, psicóloga clínica.

Hay historias que duran unos días, una semana o el tiempo que esas personas coincidan en el mismo lugar. En algunos casos puede tratarse de un “touh and go” o de disfrutar plenamente del momento sin pensar en un largo plazo. Pero en otras circunstancias este tipo de romances puede continuar más allá del período estival.

“Algunas personas ponen el freno antes de empezar. El hecho de tratarse de alguien que estará aquí por un tiempo, determina, en algunos casos, que la persona no se entregue plenamente a esa experiencia por temor a sufrir cuando esa persona vuelva a su país. En otros casos, la relacione se inicia como algo casual, temporario y de allí surge un proyecto de vida juntos o no, en otro país. Si el proyecto surge rápidamente y se avanza sin haberse conocido lo suficiente, podría resultar en poco tiempo en una desilusión. Pero, vale la pena vivir la experiencia evitando correr riesgos”, opina Andrea Gómez, Psicóloga, Psicoanlista y Sexóloga.

En el año 2008 Carlos Martin Segundo Gallici (30) conoció a una chica venezolana en un hostel en San Telmo. “Me gustó porque era medio tímida pero tenía lindos ojos, buen cuerpo y teníamos buen sexo. Nos pusimos a salir y el romance duró cinco meses porque ella se tuvo que volver a su país con la familia.  Me hubiese encantado que se quedara, cuando me enteré que se tenía que ir me rompió el corazón y las ilusiones. Fue una experiencia maravillosa”, cuenta Carlos.

En otros casos, el romance es más efímero y puede durar tan solo una noche. Como la experiencia que vivió Constanza Perassi (42) en los últimos días del 2012 cuando se encontraba en Barra Do Lagoa (Brasil). Durante todas las vacaciones le gustaba un brasilero “muy atlético y tatuado”, a quien se lo cruzaba todos los días en la playa. El 31 de diciembre fue la noche ideal para concretar sus fantasías. “Estábamos borrachos, ni el nombre sabía, tuvimos sexo en un estacionamiento al lado de la playa bajo la lluvia. Nos corrió un patovica justo cuando ya habíamos terminado de hacer nuestras cosillas y nos escapamos de la mano, parecía una película. Tengo una selfie con él de ese momento, amé a ese pibe esa noche, fue una historia de amor de una noche que para mí fue perfecta”, confiesa Constanza, a la distancia.

“El amor viajero es perfecto de principio a fin. Al viajar, la gente está más linda por donde se la mire. Entonces, al encontrarse con alguien en medio de un paisaje de ensueño tiene otra perspectiva, la de entregarse a eso que surge como un impulso de felicidad en medio de la aventura. Los amores de verano suelen ser recordados por siempre, ya que suelen ser muy intensos y la química se produce espontáneamente ante la amenaza de que las vacaciones acabarán y cada uno volverá a su rutina normal, hace que vivamos cada día al máximo”, finaliza Natalia Barrera, Fundadora y directora de la Escuela Nefer.

¿Las mujeres son más propensas a vivir este tipo de romances?

Mariana Kersz, Psicóloga y Sexóloga, cuenta que en este tipo de relaciones los hombres  suelen otorgarle mayor importancia a la apariencia física y al sexo eventual. “Las mujeres, por su parte, priorizan el bienestar emocional, el haber conocido a alguien con quien tener una buena charla y compartir momentos divertidos y espontáneos. Esto es probablemente lo que hace que las mujeres tengan mayores dificultades en el manejo de las expectativas e ilusiones que se hacen respecto a la continuidad de los vínculos una vez que terminan las vacaciones”, dice Kersz.

 Mariana Matarucco, psicóloga clínica, cree que más que con el género tiene que ver con la fantasía que sostiene el vínculo y explica que algunos pueden entablar este tipo de relaciones porque, al tener fecha de caducidad, se ahorran las demandas o expectativas que otro tipo de relaciones implicarían, mientras que otros pueden verse tan fascinados por lo exótico de la experiencia que finalmente terminen más enganchados de lo que creían. “En ambos casos, puede tratarse tanto de hombres como de mujeres. Aunque es cierto, que a diferencia de los hombres, hay mujeres que no se sienten cómodas involucrándose en relaciones pasajeras y que solo lo harían si existiese algún compromiso afectivo”, concluye Matarucco.

 

PUBLICADO EN CLARÍN

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