Dos paros respiratorios al nacer abrieron dudas sobre su futuro y nadie imaginó todo lo que lograría

FUENTE TED X RIO DE LA PLATA

A medida que el tiempo pasaba sus pequeños (grandes) logros iban apareciendo tales como poder hablar,  gatear y mover sus manos con mayor precisión. Sin embargo, el tiempo también fue testigo de alguna que otra desilusión. “A medida que fui creciendo y estando más en contacto con otros me fui topando con lo distinto. Yo usaba rueditas y no podía andar en bicicleta común o no podía ir a patinar. La vida era lo más normal posible: hacía kinesiología, fonoaudiología y terapia ocupacional hasta que llegó un punto  en que dejé porque no quería saber más nada. Me sentía invadida, me costaba que me tocaran, sentía dificultad para hacer el tratamiento. Esos años me marcaron bastante como paciente”, recuerda.

 

“En el colegio donde trabajo los chicos ya saben que yo hablo así, hablo raro. Y según Salvador, de 4 años, hablo así porque me duele la panza. Pero no, en realidad yo hablo así porque cuando nací tuve un paro-respiratorio y luego otro a las 12 horas de nacer, esa falta de oxígeno ocasionó una lesión en mi cerebro que afecta toda mi parte motriz: ´parálisis cerebral´, dijeron los médicos. En ese momento nadie sabía qué era lo yo iba a poder hacer, pero algo era seguro: que de poder iba a poder distinto”. El relato en primera persona es de María Constanza Orbaiz (34) en una charla que dio hace meses en TED RÍO DE LA PLATA y que ya lleva casi 300.000 reproducciones.

En los primeros años, según le contaron sus padres, todo era muy confuso especialmente en cuanto al pronóstico, ya que nadie podía asegurarles si “Coni” iba a poder caminar, hablar o moverse. A pesar de haber vivido una “linda infancia” en su cálida casa de Martínez (provincia de Buenos Aires) donde pasaba mucho tiempo en el jardín, no tenía el desarrollo motor que tiene ahora. En esa época se manejaba con un andador y con una tricicleta (con dos ruedas atrás y una adelante) y se arrastraba más de lo que caminaba.

A medida que el tiempo pasaba sus pequeños (grandes) logros iban apareciendo tales como poder hablar,  gatear y mover sus manos con mayor precisión. Sin embargo, el tiempo también fue testigo de alguna que otra desilusión. “A medida que fui creciendo y estando más en contacto con otros me fui topando con lo distinto. Yo usaba rueditas y no podía andar en bicicleta común o no podía ir a patinar. La vida era lo más normal posible: hacía kinesiología, fonoaudiología y terapia ocupacional hasta que llegó un punto  en que dejé porque no quería saber más nada. Me sentía invadida, me costaba que me tocaran, sentía dificultad para hacer el tratamiento. Esos años me marcaron bastante como paciente”, recuerda.

Más allá de su discapacidad sus padres hicieron todo lo posible para que hubiera tiempo para jugar, mientras le brindaban todo el cariño que para ella, sin lugar a dudas, también tenía un inmenso valor terapéutico. También fueron los maestros de su escuela primaria, quienes la acompañaron y le tuvieron mucha paciencia y contención cada vez que ella faltaba al colegio porque estaba cansada pese a que iba a un solo turno. Por aquellos años le costaba estar a la par de sus compañeros y sentía que todo iba a otro ritmo.

Crisis y depresión

En la secundaria, “Coni” tuvo más amigos que durante la escuela primaria. Se esforzaba mucho para poder pasar de año y, aunque se llevaba materias como la mayoría de sus compañeros, pudo salir airosa. Cuenta que vivía el día a día con dudas y temores. Pero puso todo su empeño para poder recibirse como era su sueño. Es más, a los amigos a los que ella observaba que les costaba más en alguna asignatura siempre estaba dispuesta para ayudarlos. Y eso la hacía sentir muy bien.

Sin embargo, su adolescencia se vio marcada, también, por una crisis. “Noté mucho la diferencia con mis pares. Pares e impares porque no eran pares míos, no salía con mis compañeros porque me daba miedo, tampoco tenía novio. Tuve una etapa de mucha crisis y de depresión por no poder encontrar cuál era el sentido de mi vida, era todo muy cuesta arriba”.

Desde adentro”

“Coni” cuenta que la marcó el inicio de un momento en el cual se ilusionó con la posibilidad de poder trabajar con niños con discapacidad lo que la llevó a estudiar Psicopedagogía. Y a medida que fue transitando por la carrera iba descubriendo su vocación, al mismo tiempo que sus profesores aprendían  a conocerle y a ver sus capacidades, “más allá de mi discapacidad”.  Con mucho estudio y dedicación llegó a recibirse de Psicopedagoga en diciembre de 2011. “Tuve una época muy linda en la que pude tener amigas y en donde de a poco fui encontrando mi lugar, sino era mirar todo el día lo que otras lograban y yo no. Sin embargo, después de una titánica terea para terminar la facultad descubrí que no había un trabajo posible para mí, esa era la realidad”.

Mientras estudiaba Psicopedagogía, “Coni” venía escribiendo en Facebook una especie de blog en donde hacía catarsis sobre la importancia del tiempo libre para los chicos con discapacidad, el rol del terapeuta y de la implicancia en la infancia. Y casi sin darse cuenta, esos escritos comenzaron a ser de suma utilidad para muchos terapeutas que los leían. En ese momento comenzaron a llamarla para que diera algunas charlas y la contrataron como Psicopedagoga en un colegio una vez a la semana. Ella sentía que había personas que comenzaban a valorar su mirada sobre la discapacidad, la posibilidad de observación y su parecer sobre este tema.

Es así como en marzo del año 2012 surge “Desde adentro”, cuyo primer objetivo era plantear temas y brindar talleres sobre inclusión escolar para terapeutas y encuentros para padres con hijos con discapacidad. Y posteriormente, también fue convocada para brindar charlas en empresas. “Dando estas charlas me sentí muy bien, esto era lo mío, no podía creer que algo que a mí me saliera tan fácil era tan bien recibido por el público”. Había un ida y vuelta constante. Al principio hablaba más de su historia y en los últimos tiempos casi nada porque prefería resguardarse, plantear otros temas y valorar las preguntas de sus interlocutores.

El humor y la terapia de reírse de uno mismo

“La discapacidad no te manda whats diciéndote: prepárate que llego en 5”. Esta frase con un gran sentido del humor generó interminables aplausos del público que escuchaba su charla en TED. Precisamente, los especialistas en salud mental consideran que el humor (predisposición del espíritu a la alegría, encontrar lo cómico en la propia tragedia) es una de las características de las personas resilientes, aquellas que logran transformarse a partir de un suceso traumático. “El humor para mí es todo, es muy mío, muy genuino, el humor se tiene o no se tiene, tengo un humor muy ácido, de reírme con cosas de la vida diaria. A veces, hasta tengo un humor negro y yo siento que cada vez que puedo reírme es algo que me ayuda mucho también en lo social, a vincularme con los demás”.

Coni se especializó en Parálisis cerebral y le “encanta” trabajar con los chicos, tanto con los que comparte tiempo en la escuela, como a los que atiende de manera privada. “El colegio tiene una vorágine y un ritmo alocado que es agotador pero al mismo tiempo te va enganchando cada vez más. Trabajar con chicos es lo más lindo que hay y poder lograr que un nene que no puede agarrar un lápiz ni escribir en un teclado, pueda escribir mamá mirando las letras es alucinante”, se emociona.

 TED: un antes y un después

Al poco tiempo de recibirse, se enteró de un concurso en ALPI (organización sin fines de lucro que, desde hace más de 70 años, se dedica a la rehabilitación neuromotriz de pacientes pediátricos y adultos) cuyo objetivo era premiar a 10 personas con discapacidad que con sus emprendimientos pudieran retribuir a ayudar a la gente. Presentó los papeles casi a último momento y fue una de las ganadoras en 2013. Además, obtuvo el premio internacional Toy que se entrega todos los años a 10 jóvenes sobresalientes de la Argentina.

A principios del 2017 se postuló para dar una charla en TED RÍO DE LA PLATA. Y resultó ser una de las seleccionadas para una de las jornadas que se llevó a cabo en octubre. “Todo lo que viví con ellos de preparación para llegar a esa charla fue algo muy fuerte, ni que hablar el día de la presentación en vivo. Sentí que ese día fue inolvidable, pero no solo los 12 minutos que duró la charla, sino también lo bien que me hicieron sentir, que la gente se levantara de sus asientos, me aplaudiera y se emocionara. Cuando el evento se viralizó fue increíble”.

A raíz de la charla en TED, “Coni” recibió muchas propuestas para dar charlas a lo largo de todo el país y cuenta, orgullosa, que ya tiene agendado eventos hasta octubre de 2018.

En agosto del año pasado dio un paso muy importante en su vida: decidió que era el momento para irse a vivir sola. Se alquiló un departamento cerca de la casa de su mamá y su familia está siempre predispuesta para que esta nueva experiencia le resulte lo más amena posible. “Me ayudaron en todo, en decirme ´sí, vos podes´, yo dudaba mucho desde lo emocional y desde lo práctico. A veces me dejan la comida caliente por si tengo un día largo así ceno con ellos y luego voy a dormir a mi casa. No pensaba que algún día iba a poder lograr esto”.

 

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