El amor después del dolor

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​Mariela Echt perdió al padre de sus tres hijos. Sin embargo, se volvió a enamorar y se casó. “Fue muy lindo el acompañamiento de nuestros hijos, participaron de nuestra boda, ellos mismos nos motivaron a hacer una fiesta. Ellos querían festejar, nos acompañaron en todos los preparativos, fueron los testigos del casamiento porque realmente son los testigos de esta historia: los que la padecieron, los que se rieron, los que fueron parte del día a día”.

Mariela Echt llevaba una vida normal como cualquier otra mujer acompañada por el amor de su esposo y de sus tres hijos. Promediando el año 2013 se encontraba en plenos preparativos para el Bar Mitzvah de Valentín. Parecía que todo iba bien, sin sobresaltos. Sin embargo, el 4 de noviembre de ese año Marcelo estaba jugando al fútbol y en medio del partido sufrió un infarto. Inmediatamente lo trasladaron a un sanatorio donde le colocaron un stent. Ella estaba muy preocupada, pero los médicos le dijeron que se quedara tranquila y que iba a tener dos motivos para festejar. Nada más alejado de la realidad. El 8 le dieron el alta y a los dos días Marcelo se desvaneció en su casa luego de levantarse del sillón.

“Fue todo muy traumático, los primeros días no podía pensar, tenía que cumplir con compromisos laborales de Marcelo. Lo único que me importaba era ver, aunque sea un ratito, sonreír  a mis hijos y mostrarles lo bueno que habían tenido en la vida y todo lo que podían seguir teniendo pese a lo que nos había pasado. No me permití hacer un duelo muy pronto, yo soy una persona muy responsable y mis hijos siempre son mi prioridad”, recuerda Mariela a la distancia.

Mariela cuenta que Marcelo era una persona feliz, “era la alegría de vivir” y ella trató de transmitirle ese legado a sus tres hijos para que pudieran vivir de esa manera. “Todas las cosas que nos pasan, que pueden ser terribles, un tiempo después son anécdotas. Siempre traté de transmitirles eso, más allá de los dolores que sentíamos. Yo no me doy cuenta pero la gente que me rodea en el día a día me dice que soy una mujer muy fuerte. Mi fuerza son mis hijos, eran mi motor para todo, yo tenía que seguir adelante y todo era por y para ellos. No podía pensar en otra cosa, de hecho yo no podía comer hasta que ellos se daban cuenta y me lo decían. Y de esa forma podía empezar a conectarme conmigo misma”.

Desde un principio Mariela se refugió en sus hijos y cuenta que le costó mucho recibir ayuda de sus amigos que se ofrecían continuamente para ir a visitarla. Pero ella, dice, necesitaba estar sola con sus hijos. “Me costó mucho aceptar ir a un psicólogo hasta que en un momento lo hice. Fui cambiando de profesionales y eso me ayudó, especialmente, para poder ayudar a mis hijos a salir adelante”.

Una segunda oportunidad en el amor

 “Cuando Marcelo se murió, yo también estaba muerta, no existía la posibilidad de que volviera a enamorarme, yo estaba muy enamorada de él”, recuerda Mariela. Sin embargo, una de sus mejores amigas le había dicho una frase que había quedado resonando por su cabeza.

-No te sorprendas si una vez te volvés a casar –le dijo.

– Vos estás loca, decís cada cosa –le contestó.

El 28 de octubre del 2015 Mariela lo vio por primera vez a Daniel en una fiesta organizada por unos amigos en común. Él estaba con una chica con la que salía hacía unos meses. En ese momento a Mariela no le había llamado la atención hasta que a los pocos días él la empezó a buscar por Facebook. Le había dicho que le quería presentar a alguien. Sin embargo, a los pocos días le confesó que en realidad era él quien quería salir con ella. Esos amigos en común le habían asegurado a Mariela que Daniel estaba saliendo con esa otra chica.

-Sos un caradura, que te pensás que soy yo, yo soy una señora, olvídate de mí –le dijo Mariela, una vez que charlaron por teléfono.

-Vos sos la mujer de mi vida –le contestó Daniel.

-No voy a salir con vos, sos un caradura –le cortó Mariela.

“No me había podido sacar su voz de la cabeza, me retumbaba todo el tiempo. A las seis de la tarde agarré el teléfono, lo llamé y le dije: ´Ahora la que te quiere conocer a vos soy yo. A las 9 pasame a buscar por mí casa´”.

Para ese entonces Daniel ya había terminado su relación. Y desde ese momento nunca más se separaron. “Yo me perdí en él, en sus charlas, en su voz, me encantó. A medida que lo fui conociendo me fui dando cuenta que si estaba con él a mí no me iba a pasar nada, nunca había sentido eso en mi vida. Tiene como la impronta de un hombre fuerte, que siempre va a resolver todo. Y me enamoré”.

El 11 de noviembre de ese año se pusieron de novios. Para diciembre ella tenía un viaje programado con sus hijos. Y unos días antes de irse, él le dijo que tenía una sorpresa: que se iba de viaje a los mismos lugares a los que se iba ella. “En ese viaje conoció a mis hijos, se mataron de risa, mis hijos son muy adaptables, nunca me hicieron un problema, evidentemente vieron cosas lindas en “Dani”, por eso lo aceptaron. Para ellos era suficiente que yo estuviera feliz. Se fueron viendo, midiendo, probando y las cosas fueron saliendo”.

¡Vivan los novios!

 A medida que el romance fue creciendo, Mariela y Daniel empezaron a sentir la necesidad de vivir juntos ya que cada vez eran más las noches en que “Dani” se quedaba a dormir en su casa. Se lo plantearon a sus hijos y ellos estuvieron de acuerdo. Daiana y Dylan (los hijos de Daniel) ya tenían pensado independizarse. Entonces, “Dani” se fue a vivir a la casa de Mariela junto a ella y a sus tres hijos: Francesco (20), Valentín (17) y Simona (13).

Una noche, Mariela y Daniel estaban festejando Sucot (una festividad judía, llamada también Fiesta de las Cabañas que se celebra a lo largo de 7 días en Israel y 8 días en la diáspora) en la casa de un rabino. En un momento de la charla les preguntó por la fecha de casamiento. Mariela confiesa que le agarró “un ataque de pánico” y que se quería ir. “Nunca había pensado en volver a casarme, cómo le iba a hacer eso a mis hijos”, pensaba.

Cuando salieron de la cena, Daniel tomó coraje y finalmente le propuso casamiento. “Era enseñarles a nuestros hijos que en toda situación podes encontrar algo bueno, nada más hay que saber apreciarlo. Fue muy lindo el acompañamiento de nuestros hijos, participaron de nuestra boda, ellos mismos nos motivaron a hacer una fiesta. Ellos querían festejar, nos acompañaron en todos los preparativos, fueron los testigos del casamiento porque realmente son los testigos de esta historia: los que la padecieron, los que se rieron, los que fueron parte del día a día. Yo lo viví como una novia, con el agasajo que todos me hicieron, pero siempre teniendo en cuenta que ahora tengo 5 hijos”.

Actualmente, Mariela y Daniel se encuentran disfrutando de su luna de miel en Italia. “Sobre todo, deseo que mis hijos sean felices, eso es lo que más me importa, vernos a todos felices. Mi moraleja y la visión de lo que a mí me pasó es que todos nos tenemos que animar, escuchar esa voz que tenemos adentro y que muchas veces nos dice lo que tenemos que hacer, hay que animarse a ser feliz”.

 PUBLICADO EN LADOH.COM

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