Día del padre: historias que conmueven

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Apostaron por la paternidad superando los obstáculos que aparecieron en el camino. Ser padre a los 17 años, a los 50 y la adopción como camino.

Convertirse en padre a los 17 años

Elías Ríos (25) y Mónica se conocieron en el colegio secundario. Al poco tiempo se pusieron de novios y a los 16 años ella quedó embarazada. “Al principio fue una mezcla de emociones: miedo e inseguridad, pero no dejaba de ser algo muy lindo. Venimos de una familia con muchos chicos y es una gran alegría cuando algún bebé viene en camino. Nunca pensamos en abortar, lo vivimos como un regalo que no tenía precio”, rememora Elías.

Al principio, decidieron no compartir la inesperada noticia con sus familias. No sabían cómo podían llegar a reaccionar sus padres. Sin embargo, a los seis meses se enteraron a través de una compañera que le había contado a una profesora de la escuela. Contra todos los pronósticos, a partir de ese momento,  se les hizo todo mucho más fácil por la ayuda que les brindaron ambas familias.

En ese momento, él dejó la escuela para dedicarse a trabajar y para ocuparse de su novia, que logró terminar la secundaria. “Imagínate lo que era sacar un turno en el hospital en ese momento los dos con 16 años. Fue todo muy difícil. Trabajaba 12 horas de lunes a viernes en una fábrica de plástico a dos horas de casa. El embarazo lo vivimos bien y los últimos meses fueron únicos porque pudimos relajarnos y disfrutar mucho una vez que se enteraron nuestros padres”.

A Elías no le dejaron presenciar el parto con la excusa de que su mujer se había dormido, mientras a ella le habían dicho que él se había ido. “La primera vez que lo vi a Bautista creo que fue el momento más lindo y esperado de toda mi vida. La primera vez que le cambié el pañal fui un desastre, pero te aseguro que a medida que fue pasando el tiempo ya se los cambiaba con los ojos cerrados”, sonríe.

Elías cuenta que la llegada de “Bauti” hizo que su vida diera un giro de 180  grados. “En ese momento me di cuenta de lo lindo que es la vida y lo poco agradecidos que somos con ella. Como papá trato de acompañarlo en todo lo que puedo. ´Bauti´ juega al fútbol, es bueno y lo más importante es que le gusta. Hoy en día veo que prácticamente nos criamos juntos. Le gusta lo mismo que a mí: jugar al fútbol, hacer boxeo y vamos juntos a la cancha”.

Actualmente, Bautista tiene 10 años y sus papás decidieron ampliar la familia y regalarle dos hermanitos: Francesca (5) y Tiziano (1).

La adopción como camino

Como no podían tener hijos de la manera convencional, Sebastián  (47) y Andrea (45) pasaron casi 10 años de tratamientos sin obtener el resultado que tanto anhelaban. Después de atravesar momentos de angustias, desilusiones y tristezas, comenzaron a considerar la posibilidad de ser papá y mamá de otra manera. Hace unos siete años, fueron a una charla que el Ministerio del Interior ofrecía sobre adopción. “Fue el primer contacto formal con el tema. Un video y testimonios impactantes mostraron una alternativa que podía ser más realidad de la que imaginábamos. A su vez, un mensaje que por primera vez sonaba: no somos nosotros los que tenemos derecho a ser padres, sino los niños quienes tienen derecho a ver allanado su camino a tener una familia. De todas maneras, sentimos que esa afirmación no solo no excluía nuestro deseo de ser papás, sino que lo resignificaba y alimentaba. La semilla quedó sembradita”, recuerda Sebastián, a la distancia.

Hace cinco años, se inscribieron en un Juzgado de Familia de Morón. Con una mínima preparación, se postularon para recibir hasta dos hermanitos y con un límite de 3 años, aumentando luego a 5. “En octubre de 2016, nos llamaron por dos hermanitos: Diego (se utiliza un nombre de ficción, que tenía 4 años recién cumplidos) y Mariano (meses de vida). Ambos habían comenzado la vinculación con otra familia que al poco tiempo decidió devolver a Diego quedándose solamente con el bebé.  Luego de tres semanas  de construcción de la relación con Diego, lo que se llama período de vinculación, él mismo pidió no regresar al Hogar de Niños. Llorando en el auto decía: ´no quiero volver al hogar, quiero dormir en casa´. Ya nos había elegido. Y decidido su nuevo hogar”, cuenta Sebastián, visiblemente emocionado.”

Sebastián pidió permiso al juzgado y habló con el hogar, que dio vía libre a la petición de Diego. “Fue una emoción enorme, aunque confieso que con miedos, como todos esos primeros días. No queríamos fallarle, solo queríamos que Diego estuviera bien y feliz. Me encontraba siendo papá de un nene de 4 años en pocos días y no existe ningún curso que te lo enseñe tan rápido”.

Desde ese entonces, Diego disfruta de su familia, va al jardín, juega mucho y está feliz, se emociona su papá. “Es un niño hermoso, muy cariñoso con todos. Es intenso y se emociona mucho (con alegrías y a veces, pocas, con frustraciones). Tiene una memoria y una capacidad de aprendizaje increíble. Verlo así, me llena día a día, escuchar su´papá o ´papi´ todavía me hace temblar de emoción. Pero sobretodo poder construir juntos la vida. La suya, la mía, la nuestra. Me siento papá como cualquier otro que lo es por la “vía habitual”, pero percibo una felicidad especial por lo vivido”.

Volver a ser padre a los 50

Roberto Acuña (54) había sido padre de más joven cuando tuvo a Roberto (29), a Mariano (26) y a Brenda (20) con su primera mujer. Sin embargo, hace unos años conoció a Valeria (bastante más joven que él) y a sus 49 años nació Keila. “Cuando nació ella me pareció todo muy raro, tenés que volver como a empezar de nuevo, ya mis chicos estaban grandes y la verdad es que tenés volver a enseñarle a caminar, a decirle lo que tiene que hacer, cosas que uno con el tiempo lo fue dejando atrás. Me costó un poco cambiar pañales o bañarla cuando era bebé. Keila (que ahora tiene 5 años)  es una bendición para mí. Me toca llevarla al colegio, es muy fuerte para mí, estoy super orgulloso de mi hija, hablo de ella y se me cae la baba”, cuenta, orgullosísimo, su papá.

Roberto cree que la diferencia de haber sido padre de joven con experimentar la paternidad en la adultez radica en la madurez y el aprendizaje que fue adquiriendo con los años. “Yo no tenía mucho contacto con mis otros hijos, pero ahora trato de estar más con ellos, somos más unidos, les dedico más tiempo, si tienen algún problema siempre trato de ayudarlos”.

Sobre su hija más chiquita, cuenta que le gusta mucho jugar a las muñecas, pintar, dibujar, ver películas de princesas en la cama junto a él y a su mamá. “Le gusta salir a hacer las compras, elige sus galletitas para ir al jardín, su pasta dental. Es muy pegada a mí, nos acostumbramos a decirnos ´te amo´. Ella es todo para mí, es mi sostén, todos los días sigo aprendiendo a ser papá”.

Esperado reencuentro

Sergio Caputo (50) estaba en pareja con una mujer y cuando tenía 20 años se enteró que ella estaba embarazada. “Vivíamos en una pensión en Congreso porque ambos nos habíamos ido de nuestras casas. Teníamos miedo,  incertidumbre, ignorancia, temores. Todo junto a la vez”, recuerda Sergio.

El 28 de agosto de 1988 nació Nicolás. “La verdad que estábamos muy nerviosos, ansiosos, un mundo nuevo nos abría las puertas de par en par. Pero fue algo maravilloso porque tenía todas las energías puestas ahí, estaba formando una familia y era verlo crecer y descubrir todos los días algo nuevo”.

Sin embargo, cuando Nicolás apenas tenía 1 año y 8 meses sus padres se separaron y por decisión de su mamá Sergio comenzó a tener cada vez menos contacto con su hijo. “No me dejaba ver al nene, durante mucho tiempo no lo puede ver. Fue algo muy doloroso porque es un tiempo que no recupera más”.

La situación, cuenta Sergio, comenzó a cambiar cuando su ex mujer logró rehacer su vida y fue más “flexible”. A partir de ese momento comenzó a recuperar con su hijo el tiempo que les habían quitado. “Nos íbamos a ver a mi vieja y lo esperaba con los ñoquis que le encantaban, también íbamos al cine, a jugar al fútbol y él me contaba de sus salidas a los boliches, de sus amigos, de sus novias. Era mutuo el tema de querer saber del otro”.

Sergio le está agradecido a su hijo ya que nunca le echó culpas por el tiempo que no lo dejaron estar a su lado. “Nunca me pasó facturas, siempre fue sincero y los dos nos merecíamos tener la relación que tenemos. Es una relación sincera, frontal, nos decimos lo que sentimos y muy sanamente”.

PUBLICADO EN LADOH.COM

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