La historia detrás de la serie documental “The Namibia Project”

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Un argentino pasó varios meses en Europa filmando lugares alejados del circuito turístico y luego produjo 10 historias en formato serie web documental.

“Nada se hace de un día para el otro, no es fácil entenderlo cuando vivimos en un mundo en el que todo está al alcance de la mano. En la facilidad hay algo de lo efímero, de hacer sin pensar mucho. Todo ya, sino no sirve. El proceso es el camino. Es un viaje. Está cargado de frustraciones, enojos, alegrías, fracasos y victorias. ¿Qué sentirá aquel que consigue lo que quiere sin haber luchado? ¿Lo disfrutará? Hace dos años empecé este proceso y siento que esto recién arranca. Viajando me di cuenta lo importante que es la diversidad. Y también vi cómo se está perdiendo. Viajé durante ocho meses y volví para contarte esto. Me lo imaginé mucho. Lo hicimos realidad. Desde acá vamos a contar todo. Bienvenidos al estudio”. Así comienzan los primeros posteos en “The Namibia Project” (https://www.youtube.com/watch?v=Qhio1i7Gc-4), cuyo director es el periodista Diego Kestelboim de tan solo 24 años.

 

Diego estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Belgrano. Sin embargo, más allá del aprendizaje en la facultad quería vivir otro tipo de experiencias. En el 2015 se preparó y rindió unos exámenes para poder hacer un intercambio con una universidad de Londres (Inglaterra) durante el segundo semestre de ese año. “Primero me iba a ir de viaje a Israel 15 días con unos amigos y después comenzaba mi excusión por Londres. Durante los meses previos pensaba qué cosa podía hacer en el plano profesional para que en un futuro pudiera servirme. En ese momento las redes sociales no eran lo que son hoy. No sabía qué tenía ganas de hacer ni en qué formato. Me llevé una camarita para registrar todo lo que me pasaba sin saber qué era lo que estaba buscando. Mi zona de confort era estar fuera de la zona de confort”, dice Diego.

Cambio de planes

Diego arrancó por Israel, ancestro de sus antepasados,  a donde lo llevaron a visitar ciudades como Safed, Jerusalém (estuvo en el Muro de Los Lamentos), Tel Aviv y Haifa, entre otras. Pero el momento clave, cuenta, fue cuando conoció el desierto donde habitan los beduinos. “Estaba haciendo algo especial, pero al verme como uno más en una interminable fila de camellos sentí que no estaba viajando, solo que me estaban trasladando de un lugar a otro”. En ese instante Diego se empezó a dar cuenta que podía disfrutar aún mucho más de este tipo de experiencias si las hacía solo, por su cuenta, descubriendo y sorprendiéndose con las cosas que podía encontrar. Luego, se fue junto a sus amigos a Croacia donde pasó unos días arriba de un velero. Ahí terminó de darse cuenta de que necesitaba otro rumbo.

Empezó a buscar en Facebook a grupos de argentinos que vivían en Croacia y conoció a una mujer, Alejandra, que se ofreció a acompañarlo unos días por la ciudad. Paralelamente, sus amigos siguieron en Europa recorriendo otros destinos.

“Después continué viajando por el este de Europa, quería conocer cosas bien locales, no quería subirme a un micro y realizar los tradicionales tours. Quería conocer a mi manera: lo hacía en micros, eran viajes cortos. Lo que me estaba pasando por adentro era que me estaba costando mucho encontrar lo local. Recorría lugares que me habían recomendado para que me perdiera y saliera de la ciudad. Una noche entré a un restaurante húngaro y me alegré de que el menú no estuviera en inglés. Sin embargo, mientras cenaba, de fondo, se escuchaba Justin Bieber. Era como más o menos lo mismo. Estaba tomando un café en Praga y observé que enfrente había un Sturbucks. Y al lado un  McDonald´s. ¿´Dónde estoy´? ¿´En Praga, en Miami  o en New York´? Y empecé a ver lo mismo en muchos lugares. El tipo que pedía monedas en la calle tocaba lo mismo que en la última ciudad en la que había estado”.

Para ese entonces, Diego se había instalado en Londres. Estudiaba de lunes a miércoles y de jueves a domingo aprovechaba para recorrer diferentes lugares de Europa. “Voy a viajar todo lo que pueda en todos los momentos que tuviera libres”, fue lo que les dijo a sus padres en medio de una discusión.

“Todas las conexiones que generara dependían de mí”

 “Quería salir, charlar con gente que no conocía, todas las conexiones o momentos que generara dependían de mí. En algún punto los lugares no me iban a sorprender en sí, sino lo que pasara y lo que yo viviera en esos sitios. Yo estaba convencido de que estaba yendo a hacer algo, filmaba y no sabía con qué fin, lo escribía, me anotaba cosas, lo documentaba. Era algo para mí. Yo no quería caer en un programa turístico”.

Un amigo que había estado en Berlín le recomendó que visitara algunos sitios abandonados. Y uno de esos lugares era un hospital en las afueras de Berlín donde viajó junto a Mike, un compañero del hostel al que había conocido la noche anterior. En ese lugar había estado internado Hitler durante la Primera Guerra Mundial y también se habían atendido los heridos nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Tras un viaje de casi dos horas (que incluyeron varias conexiones) llegaron al hospital que se encontraba en medio del bosque. “El lugar es húmedo, el piso está resbaladizo y a cada momento tengo la sensación de que alguien nos está mirando. Es escalofriante. Nos estábamos yendo pero al haber visto tantas esvásticas me llevó a pensar que la filosofía nazi sigue viva y que este hospital es un símbolo para los grupos que aún hoy reivindican la figura de Hitler”, relata Diego en uno de los capítulos de “The Namibia Project”. “Haber estado en ese hospital abandonado no me lo voy a olvidar nunca. Para mí, Berlín fue eso, no me sorprendió Berlín, me sorprendió lo que yo viví en esa ciudad.

 “El fútbol como mercancía global” y “La contra cultura ocupa un lugar” 

 Estando en Inglaterra, Diego se hizo amigo de un fanático del Manchester United al que le sobraba una entrada para asistir al clásico ante el City. “Nunca  me hubiera preocupado por conseguir una entrada para ver el partido que, incluso, suponía estaban agotadas. Pero yo quería vivirlo desde otra forma. Por eso fui al pub donde se juntaban los hinchas del United para poder experimentarlo como un fanático más. Me llamó mucho la atención la enorme cantidad de chinos que gritaban con la cara pintada. ¿Cómo ese chino que seguramente nunca había pateado una pelota estaba gritando por alguien con el que no tenía nada que ver. Algo estaba pasando. En otro momento hubiera ido a la cancha, hubiera sacado una fotos y listo”.

El capítulo de Ámsterdam fue el que más lo marcó. Conoció a Jeffrey, un activista cultural estadounidense que había creado un circuito de cines en lugares ocupados en la capital de Holanda. Jeffrey, una persona que no utilizaba celular y era medio hippie, había nacido en Kansas (EE.UU.) pero durante los años 80 había dejado su país porque sentía que no podía ser quien realmente deseaba ser. Entonces, se fue a Europa donde se trasladaba en una van y dormía en plazas. Este hombre, que era cineasta, se instaló en uno de los tantos lugares tomados en Ámsterdam. “Empezó a ver que todas las salas de cine en Ámsterdam eran iguales, todo muy homogeneizado. Hace 10 años pensó que tenía que hacer algo diferente y empezó a elegir películas que no se llegaban a ver, quería mostrar esos filmes que para él valía la pena mostrarlos. Esa mañana él me llevó a su sala preferida, debajo de un canal, y yo no podía creer que en ese lugar hubiera un cine. Había unas 40 personas en un interesante encuentro entre ricos y pobres”, cuenta Diego.

“Invasión china”, “Al margen de la avenida principal”, “El arte toma las calles”, “El futuro del transporte” y “Las nuevas fiestas globales” son los otros documentales que se pueden ver en este proyecto.

 

 ¿Qué conclusiones sacás de esos viajes?

Lo que representa es la transformación cultural de la sociedad contemporánea de los últimos 15 años. Cada capítulo aborda algo de lo que viene pasando en el mundo. Hoy en día festejamos el año nuevo chino en la Argentina y la gente se pone la máscara del dragón, no estoy diciendo que esté bien o mal. Son cosas que yo me estoy preguntando. Creo que toda esa transformación del mundo, cada vez más aceleradamente, me hace pensar que la diversidad cultural está en peligro de extinción. Hoy, esa es mi hipótesis. Cada vez somos más iguales, vemos las mismas cosas, hablamos de lo mismo en todo el mundo, no hay nadie que quede afuera. Creo que hay como un achatamiento cultural, producto de lo que generan la tecnología y la globalización. Las redes sociales arrancaron como red social para expandir un círculo y conocer gente que quizás no conocerías, pero hoy es justamente lo contrario: las redes sociales nos cerraron. Vas en un colectivo o estás en la calle y ves a todas las personas con los celulares en la mano. Hoy en día se están perdiendo idiomas y culturas. ¿A qué nos está llevando esto? A mí no me suena que sea a algo constructivo. A mí me interesa concientizar acerca de la pérdida de la diversidad cultural.

 

 ¿Qué te movilizó a vos en lo personal?

A partir del viaje ya me siento comprometido de otra manera con lo que quiero hacer. Me preocupan temas que hoy, quizás, no se pueden ver. Como dijo Woody Allen: ´lo que uno ve, ya no lo puede dejar de ver´. Salir de la zona de confort, que hoy en día es una frase trillada, para mi tiene que ver con todo. Por ejemplo, en dejar de usar el celular por un rato. Durante un mes yo tengo pensado realizar un uso limitado del celular porque quiero ver lo que me pasa con eso. No creo que se pueda definir el concepto de zona de confort en algo en particular. La tarea es en todos lados, en todos los órdenes, ver la realidad desde otro lugar. En cada  momento uno tiene la posibilidad de pensar cuál es la opción que te acerca a tu cultura,  a tu esencia, a tu origen.

 

¿En qué momento decidiste emplear el formato serie web documental?

Volví del viaje con mucho material sin saber cómo lo iba a desarrollar, me llevó mucho tiempo tomar esa decisión, me aconsejaron muchas cosas. Al principio, lo veía como algo para la tele y en 2016 se difundían cosas en las redes sociales, pero no se pensaban exclusivamente para compartir en las redes sociales. La pregunta era cómo contar algo que me había marcado en el momento en que lo había vivido pero, además, en lo que me pasa ahora. La idea era contar en el menor tiempo posible algo que la gente lo pudiera ver y sumergirse en la historia. Yo pensaba que si la gente veía los cuatro minutos que dura cada capítulo y se quedaban con ganas de ver más, yo ya había ganado. Lo interesante del programa es que es una colección de capítulos que son atemporales. Los vas a ver un tiempo después y va a tener el mismo sentido de cuando fueron publicados. El tema de proyecto tiene que ver con algo armado pero que va evolucionando donde se llegan a otras conclusiones.

 

¿Qué objetivos te planteaste al lanzar el proyecto?

Mi objetivo era plantear los 10 capítulos y las 10 entrevistas posteriores a cada uno de ellos a personas que se especializaran en el tema principal que abordaba cada historia. Por ejemplo, para el capítulo sobre el clásico en Manchester entrevisté al periodista deportivo Hernán Castillo donde dialogamos acerca del fútbol globalizado.

Yo quería que la gente viera los capítulos y dijera que estaban buenos, que se trataba de un contenido de calidad. Mi segunda etapa del proyecto va a ser difundirlo y promocionarlo. Hoy no vivo de esto, pero a largo plazo ese es mi deseo. Mi objetivo es que lo vea la mayor cantidad de gente posible, pero no solo por verlo, sino que se vea con una mirada crítica.

 

Diego está empezando a trabajar en la segunda temporada de “The Namibia Project” que constará, también de 10 capítulos, con temas más “profundos” basados en un viaje que realizó por Estados Unidos.

 

PUBLICADO EN LADO H

 

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