Cómo aprender a decir que no

NOOOOOOOOOOOOO

Por lo general, son individuos que tienen un alto grado de inseguridad personal a los que les cuesta darle rienda suelta a sus emociones y están pendientes de la mirada del otro para ser aprobados y reconocidos. Buscan justamente afuera lo que no logran obtener en la autoevaluación sobre sí mismos.

 Con frecuencia sucede que por temor o por culpa, muchas personas no pueden decir no frente a determinadas situaciones de la vida cotidiana. Se trata de hombres y mujeres que aprenden a quedar bien con los otros, a resultar agradables con los demás a costa de quedar mal con ellos mismos por no poder expresar lo que realmente sienten.

 

Por lo general, son individuos que tienen un alto grado de inseguridad personal a los que les cuesta darle rienda suelta a sus emociones y están pendientes de la mirada del otro para ser aprobados y reconocidos. Buscan justamente afuera lo que no logran obtener en la autoevaluación sobre sí mismos.

“Las  personas a las que les cuesta decir lo que sienten por miedo a la desaprobación suelen sentir mucho enojo hacia sí mismos, sentimientos de fracaso, de opresión, pueden sentirse intimidados frente a los otros y cuando se ven expuestos a responder preguntas que los comprometen suelen buscar la voz de la mayoría para no desentonar”, dice Valeria Schwalb, licenciada en Psicología y autora de “Todos somos resilientes” y de “Todos podemos ser felices”.

Cuando la persona intentó y es consciente de que no pudo expresar esas sentimientos sobrevienen la autocrítica, la culpa, el auto-reproche y la minusvalía, en algunas oportunidades acompañado  por una sensación de fracaso, de tristeza y de enojo consigo misma. En los casos en que ni siquiera aflora la conciencia y dejan sistemáticamente pasar situaciones o eventos sin poder poner freno, también habrá  consecuencias  como angustia incomprendida,  síntomas físicos o emociones que se transforman en enojo sin causa.

“Cuando alguien no puede sostener en la acción concreta el deseo de decir que no, siente a medida que el tiempo pasa menos fuerza personal. Comienza lentamente un circuito de menor credibilidad en sí mismos y debilitamiento del poder interno. Este comportamiento  va anulando  la posibilidad de elegir. Decir que no es elegir. Al decir que no estoy dejando por fuera lo que no y al mismo tiempo afirmando aquello que sí. Si la persona no paga el costo de elegir, estará  cada vez más dependiente de  un afuera que elige por ella”, advierte Carina Karpel, licenciada en Psicología. Y agrega: “Decir no a algo no significa  generalizar ni que tenga validez a lo largo del tiempo. Es un no ahora y en determinado contexto. La vida es dinámica y lo que hoy es así puede cambiar más adelante. La comprensión de este dinamismo nos ayudará a tener una mirada flexible y tolerante con nosotros y con los demás”.

Para evitar este tipo de sentimientos es recomendable aprender que no siempre podemos o debemos agradar al otro con nuestras opiniones,  aceptar que no coincidir con los demás en algo que digamos no significa que nos dejen de querer y que al decir no, no significa que debamos justificarlo. Además, es importante  entender que la opinión de todos es valiosa, que el error es parte del aprendizaje, que podemos cuidar el modo, pero nunca obligarnos a sentir lo que no sentimos y que si a alguien no le gusta lo que pensamos, eso no debe expandirse a la evaluación de nuestro ser, sino solo a la aceptación de poder disentir en ese punto.

 

PUBLICADO EN CLARÍN

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