Vivió 3 años en la calle pero su instinto de superación le permitió cumplir su gran sueño

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Martín siempre supo que debía conseguir un trabajo para volver a tener un techo. Esta es su historia.

A Martín Herrera (57) lo habían despedido de su trabajo como encargado en una casa de comidas en el sur de la provincia de Buenos Aires. Pese a que no tenía dinero, logró quedarse un mes más en la casa que alquilaba en Lanús. Sin embargo, llegó ese mediodía del verano del año 2011 en el que salió con lo puesto llevando un bolsito solamente con dos mudas de ropa. No sabía bien a dónde iba a ir. Se tomó un colectivo con lo poco de plata que tenía encima, llegó a Retiro, deambuló un rato y luego se trasladó hacia el Obelisco. “Ahí arrancó otra historia. La primera noche me costó asimilar que iba a vivir en la calle, no tomaba consciencia de que estaba empezando a vivir en un lugar nuevo. Nunca pensé que iba a terminar así”, recuerda Martín sobre las sensaciones de su primera noche en la calle.

Sin embargo, más allá de esta inclemencia que estaba atravesando, siempre tuvo la lucidez y el convencimiento de que debía conseguir un trabajo para poder dejar la calle lo antes posible. Y eso, en definitiva, fue lo que lo salvó aunque debió pasar más de tres años en esas circunstancias.

“Siempre supe que en algún momento iba a salir de esa situación”

Al principio, cuenta, estaba perdido, no sabía a dónde ir. Y empezó a hablar con otras personas que hacía más tiempo que vivían en la calle. A partir de ese momento se enteró que existían comedores, iglesias y otros sitios que les brindaban comida y ropa. Pero, claramente, sus planes pasaban por otro lado. “Yo no fui nunca a esos lugares, no me gusta que me regalen las cosas. Lo primero que  averigüé fue como podía hacer para ganarme un mango y a los tres días de estar en la calle ya había conseguido un carro, salía a cortonear desde Córdoba y Pellegrini (donde él paraba) hasta Constitución para juntar y vender cartón. Con eso podía hacer algo de dinero para poder comer. Lo empecé a tomar como un trabajo oficial”.

Sin embargo, más allá de sus ansias de superación y su visión de tener un futuro más alentador, la realidad lo tenía viviendo en la calle. “Mi baño personal siempre fue la fuente que está en Córdoba y Pellegrini, ahí me iba a bañar, a afeitar, lavaba mi ropa, siempre cuidando de que no hubiera nadie, por lo general lo hacía a la noche. La premisa era estar aseado, no dejar que la calle me ganara porque yo hablaba con muchos conocidos para interiorizarme por algún trabajo y me la pasaba dejando currículms. Vivir en la calle siempre lo tomé como algo transitorio. Yo siempre supe que en algún momento iba a salir de esa situación, jamás pensé que me iba a quedar ahí. Soy terco y estaba convencido que en algún momento algo iba a aparecer”.

Una charla que marcó un antes y un después

Una noche Martín se puso a hablar con uno de los voluntarios de la Fundación Sí, que realiza recorridas nocturnas todos los días del año entregando alimentos calientes y abrigo para acompañar a quienes duermen a la intemperie. El objetivo es acompañarlos para mejorar su calidad de vida y trabajar en la reinserción social, escolar y laboral. “Es un trabajo artesanal, de persona a persona. Utilizamos la sopa como herramienta para establecer un primer acercamiento. En una de las tantas noches de recorrida nos acercamos para ofrecerles algo para tomar y empezamos a conversar con Martín. Nos llamó la atención sus ganas de charlar, su alegría y su iniciativa”, recuerda Jesu Espil, voluntaria de la Fundación.

Si bien Martín ya los conocía a los voluntarios, esa noche se le prendió la lamparita, una llamita de esperanza para poder revertir la situación por la que estaba atravesando.

-Nosotros podemos ayudarte a armar tu currículum –le dijo uno de los voluntarios.

-¿Qué posibilidades hay de que ustedes me puedan dar una mano para conseguir trabajo? –le preguntó Martín a uno de los chicos.

-Nosotros podemos ayudarte a armar tu currículum porque tenemos un área laboral –le contestó.

-A mí lo que me interesa es conseguir trabajo. Me parece muy bien que nos vengan a ayudar, pero la verdad es que algún día me gustaría poder recibirlos en mi casa.

-Te tenés que acercar el sábado a la Fundación en la calle Carranza donde funciona el grupo de trabajo –le propuso el muchacho.

Ese sábado lo recibieron Agustín y Agustina,  encargados del área de CV, quienes le preguntaron si le gustaría empezar a participar de los grupos de trabajo para que lo vayan conociendo. Se trataban de encuentros con psicólogas que indagaban acerca de los objetivos de cada una de las personas que se encontraban en situación de calle y deseaban volver a tener un trabajo.

“En ese momento sentí que el trabajo me devolvió la dignidad”

Mientras tanto, Martín seguía juntando cartones y haciendo otras changas, aunque a partir de ese momento comenzó a asistir todos los sábados durante casi 6 meses a la Fundación hasta que surgió la posibilidad de tener una entrevista en una panificadora en colegiales.

“Me entrevistaron a la mañana y esa misma tarde me llamaron para decirme que al día siguiente empezaba a trabajar”, cuenta, con una sonrisa.

“El trabajo lo consiguió solo. Nosotros lo acompañamos en el proceso: el equipo de Inclusión Laboral lo ayudó para armar su CV, a prepararse para las entrevistas y lo apoyó en todo ese camino. Una vez admitido, la Fundación le pagó el primer mes de la pensión (donde sigue viviendo actualmente) para que pudiera llegar en condiciones a trabajar: bien dormido, limpio y con la tranquilidad de dejar sus pertenencias bajo un techo seguro. Una vez que cobró su primer sueldo, ya pudo sostenerlo él, y nuestro acompañamiento pasó por otro lado”, dice Espil.

“En ese momento sentí que el trabajo me había devuelto la dignidad porque pude tener mi techo, me valía por mí mismo y todo lo que tenía me lo estaba ganando. El primer gusto que me di fue irme de vacaciones a Puerto Madryn (Chubut) para ver a mis hijas que hacía mucho tiempo que no las veía. También era poder sentarme en un restaurante y pedir lo que tenía ganas de comer o invitar a un amigo a tomar algo, poder ir al cine, pequeñas cosas que hacían que uno se sintiera mejor”.

Recorridas y nuevas amistades

Martin comenzó a trabajar en la panificadora de 7 a 15hs y cómo sentía que tenía tiempo libre se ofreció en la Fundación para ser parte de las recorridas nocturnas. Y de esa forma conoció a Maira Cuervo, una de las coordinadoras, con quien desde el inicio tuvieron muy buena química.

“Recuerdo que el diálogo con Martín siempre fue de igual a igual desde el comienzo, nos fuimos conociendo muy naturalmente. El primer día nos contó toda su historia y para nosotros era un placer compartirla con él y ser parte de su nueva etapa, apoyándose y confiando en nosotros en todo momento. Lo que más me llamó la atención de él es que enseguida se abrió, nunca ocultó de donde venía y su confianza y fortaleza que siempre nos mostró y su voluntad para salir adelante. Es un gran ejemplo de que siempre se puede”, expresa Maira.

Martín cuenta que al principio le costaba interactuar con las personas que vivían en la calle, pero de a poco se fue animando a compartirles su historia de superación personal. “Les decía que gracias a la Fundación había conseguido un trabajo, que no era imposible. ´Más prueba de la que estás viendo no vas a tener. Si te interesa, te podés acercar y te van a explicar mejor. Vos tenés que ir a golpear puertas, nadie te va a ir a buscar´”.

“La clave fue que nunca bajé los brazos, no me dejé ganar por la calle”

Y a partir de ese momento Martín comenzó a vincularse mucho más con sus compañeros de la Fundación, la mayoría chicas y chicos más jóvenes que él. Y eso le permitió disfrutar de un grupo de amigos y de encontrar un sentido de pertenencia.

“Muchas veces después de las recorridas nos íbamos a cenar y después yo lo llevaba siempre a la casa y ahí charlábamos de la vida o cosas suyas, cada tanto nos juntábamos a picar algo. Nos veíamos en la Fundación casi todos los sábados, siempre nos mimaba y nos traía cosas ricas del lugar donde trabaja. Siempre tenemos contacto y aun hoy nos seguimos juntando seguido. Somos amigos. Lo que más aprecio de él es que es una muy buena persona, que puedo confiar en él, que siempre se brindó conmigo con mucho cariño y me enseñó muchas cosas”, se emociona Maira.

Actualmente, Martín trabaja en el turno noche en la panificadora haciendo las tareas de limpieza, cocina y preparado del pan. Una de las cosas que le gustarían hacer, dice, es volver a hacer las recorridas y se ilusiona en un futuro con poder sacar al menos a una persona en situación de calle. “Eso es algo que tengo pendiente y que lo puedo realizar. Con eso estaría satisfecho. Quiero seguir participando en los eventos de la Fundación, la movida solidaria, siempre estoy colaborando. La Fundación me dio mucho, ellos no te piden que vos le devuelvas nada, está en uno poder seguir brindando cosas para otro que lo necesite. Para mí, la clave fue que nunca bajé los brazos, no me dejé ganar por la calle, siempre la luché porque sabía que el techo en algún momento iba a llegar”.

 

PUBLICADO EN LADO H

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