Amor a primera vista: 4 niños haitianos fueron adoptados por familias argentinas

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Los cuatro tienen en común la particularidad que nacieron en Haití y que fueron adoptados por tres familias argentinas. Pero, además, a todos se les dibuja una sonrisa en el rostro, son simpáticos, extrovertidos, cariñosos y curiosos. Y lo más interesante es la forma en que miran a sus mamás: como una mezcla de admiración y de agradecimiento por haberles brindado la posibilidad de tener una linda vida llena de oportunidades.

Elisa (8) se muestra extrovertida, simpática y sociable. Sobresale por esas hermosas trenzas caribeñas que, según dice, le van a durar dos meses.  Estherline (8) tiene puesto un hermoso vestido blanco con una especie de cinturón rojo. Se nota que es muy pizpireta y pícara. Al principio, Matthieu (7) parece serio, pero no bien escucha la música que suena en el lugar se pone a bailar sin ningún tipo de inhibición. Y la última que llega es Yvana (6), la más pequeñita del grupo, que parece algo tímida pero una vez que entra en confianza no para de correr y de jugar con el resto de los chicos.

Los cuatro tienen en común la particularidad que nacieron en Haití y que fueron adoptados por tres familias argentinas. Pero, además, a todos se les dibuja una sonrisa en el rostro, son simpáticos, extrovertidos, cariñosos y curiosos. Y lo más interesante es la forma en que miran a sus mamás: como una mezcla de admiración y de agradecimiento por haberles brindado la posibilidad de tener una linda vida llena de oportunidades. Pero, obviamente, ese sentimiento también es recíproco y ellas (que lucharon tanto tiempo para cumplir el sueño de ser madres) los miran embobados porque al fin y al cabo esos niños les cambiaron la vida.

El hilo rojo

Romina es la mamá de Elisa y de Matthieu, Lucrecia la de Estherline y Patricia la de Yvana. Las tres (junto a sus maridos) forman parte del grupo de whatsapp “El hilo rojo”, llamado así a raíz de una leyenda oriental que dice que las personas destinadas a conocerse están conectadas por un hilo rojo invisible que nunca desaparece y permanece constantemente atado a sus dedos, a pesar del tiempo y la distancia. Sin dudas, no podía haber sido mejor la elección de este nombre.

“Nos fuimos conociendo de manera un poco circunstancial. Hace dos años nos agrupamos casi todas las familias adoptantes para conectarnos de esta manera, vemos juntos las dudas que van surgiendo y todos comentamos como, por ejemplo, datos de papeles, documentos, abogados, etc. “En dos oportunidades nos reunimos bastantes familias y ahí empezamos a conocernos. Con algunos somos más amigos y con otros menos. La idea es que los chicos se conozcan y se traten, en el futuro no se sabe qué circunstancias ellos vivirán y estar con pares puede ser sanador”, explica Lucrecia, la mamá de Estherline. De hecho, en la reunión que hicieron en 2018 fueron 100 personas, entre padres e hijos.

Elisa y Matthieu

Romina no lograba quedar embarazada de manera natural y solamente realizó un tratamiento de inseminación asistida que no dio resultado. Conociendo la complejidad para adoptar en el país, junto a su marido (Manuel) comenzaron a pensar en la posibilidad de hacerlo en otro país.

Por esas cosas de la vida, una tarde de 2010 trabajando en un banco atendió a una mujer que tenía en sus brazos a un bebé haitiano. “En el momento en que estaba pagando ese cheque tuve la certeza de que mis hijos estaban ahí. Mientras hacía el trámite le pregunté sobre los requisitos para hacer la adopción y cuando llegué a casa busqué en Internet, googleé el orfanato donde había vivido ese bebé y cuando entró mi marido le comuniqué que nuestros hijos estaban en Haití”, recuerda Romina.

De inmediato, armaron una carpeta para presentar al orfanato (que tuvieron que traducir al francés) y la enviaron en noviembre de 2010. Y en febrero de 2011 les confirmaron que le habían asignado a una nena, de quien solo sabían que se llamaba Elisa y que estaba bien de salud. En abril le enviaron desde el orfanato la primera foto por mail y en junio viajaron los dos a conocerla. A partir de ahí tuvieron la guarda provisoria y se fueron 20 días a una playa. “Ella tenía 1 año y cuatro meses cuando la conocimos. El encuentro fue genial, como si nos conociéramos de toda la vida, fue maravilloso, se me agarró y no me quiso soltar más. Cuando tuvimos que dejarla en el orfanato nos quedamos con el temor de si iba a seguir viva o no. Era un desgarro terrible. Elisa tenía una chica de 17 años que la cuidaba pero durante las siete horas que ella iba a la escuela los nenes quedaban encerrados en un cuarto con el riesgo de contraer cólera, malaria u otras enfermedades”.

El 6 de enero del 2012 les llegó otro mail que decía, a secas, “ya podés venir a buscarla”. “Nos quedamos dos días en el orfanato y después nos volvimos. Elisa pudo manejar muy bien los tiempos, pudo lograr un equilibrio, ya tenía un año y 11 meses. Llegó a una casa con un cuarto con juguetes, libros, disfraces, películas. Al toque nos dijo mamá y papá. Lo viví de manera muy natural, lo sentí como si la hubiera parido. Fue genial el amor con el que la recibió el resto de la familia, una vinculación super natural”, se emociona Romina.

Sobre su primogénita, dice que es super prolija, metódica, autoexigente y muy amorosa. “Me dice ´ te amo, que suerte que me tocaste vos como mamá´”.

“Me gusta hacer juegos en familia, siempre que sea de a muchos, me encanta el colegio, tengo buenas amigas. Me gustaría hacer atletismo, me gusta mucho correr con obstáculos, también me gustaría ser cantante porque voy al coro de la escuela y también actriz. Ya dije que cuando sea un poquito más grande voy a ir a Haití”, dice Elisa.

Como Elisa venía pidiendo un hermano, Romina y Manuel volvieron a presentar la carpeta y en el orfanato les hablaron de Matthieu. “En el momento en que salió su asignación tenía cólera y era una larva, no caminaba, tenía casi dos años, estaba lleno de hongos, yo creo que no llegaba a vivir 15 días más”. Romina llegó un domingo a Haití y al día siguiente se volvió con su segundo hijo  a Buenos Aires. “Lloró durante todo el viaje desde Puerto Príncipe hasta Panamá. Cuando llegamos al Aeropuerto de ese país quise ir al baño para cambiarme y cambiarlo y él ahí me abrazó y no me soltó más. Fui al baño con él a upa, me cambié con él a upa, parecía un monito colgando sobre mí”, sonríe Romina.

A Matthieu le gusta bailar (especialmente folklore), va a clase de guitarra, tiene un cajón peruano, una flauta traversa y solo le falta la batería, dice su mamá. Además, es muy amigo de sus amigos y muy conciliador. “También tengo muchos primos, estamos siempre juntos, nos divertimos mucho, nunca nos peleamos. Con Elisa nos gusta hacer carreras con una patineta electrónica, saltar en la cama elástica y meternos en la pileta. Cuando sea grande me gustaría ser inventor de robots y de animales de robots”, expresa Matthieu, que también le gusta el fútbol y es hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

Estherline

Durante 10 años Lucrecia y Guillermo estuvieron inscriptos en el registro para poder adoptar niños en la Argentina pero tampoco obtuvieron respuestas positivas. Escuchando en una entrevista de radio a una mujer que había adoptado en Haití, se contactaron con ella y les comentó que la adopción la había hecho a través de un ONG llamada APNI. Sin perder tiempo, Lucrecia se contactó con esta ONG que la ayudó a preparar la carpeta. Al poco tiempo desde uno de los orfanatos le enviaron la primera foto de Estherline.

“En ocho meses la fuimos a buscar una vez que nos mandaron la foto con su pasaporte. Había miles de chicos, yo en ese momento me hubiera traído a cualquiera porque no había creado ningún vínculo previo. Ella tenía 20 meses, caminaba, era muy independiente. Cuando llegamos dormía en una cuna y una vez que se despertó nunca más nos separamos. Una vez que me la entregaron ya era mía. Era una nena observadora, atenta”,  dice su mamá.

Lucrecia cuenta que el vínculo con su hija se dio de manera inmediata.  “Es un amor automático, a primera vista. Ella es una nena muy carismática, siempre la educamos con límites, es muy amorosa con todo el mundo, hace sentir especial a todos. Para mí fue sencilla criarla, ella llegó a nuestras vidas y la adaptamos a nuestra forma de vivir. Cuando lo deseás, es fácil”.

“Me gusta pintar, leer cosas que terminan con finales felices, historias que tengan problemas y se puedan resolver. Me gusta escribir sobre cómo me siento. Tengo amigas de arte, música, expresión corporal y de rayuela donde nos cuentan cuentos para los más pequeños. Me gusta prestarle cosas a mi mamá: hoy le di una pulsera y le dije que era para la buena suerte. Cuando sea grande voy a ser diseñadora de modas como ella, voy a hacer collares, pulseras y anillos”, se ilusiona Estherline.

Yvana

Patricia y Martín ya tenían a Tiago, su hijo biológico. Sim embargo, deseaban tener un segundo hijo. A los dos años y medio de Tiago quedó embarazada pero lo perdió. Volvió a quedar y el final fue el mismo. En total, Patricia perdió cuatro embarazos, aparentemente, a raíz de una falla ovárica precoz que le detectaron en unos estudios. Entonces, se sometieron a dos tratamientos de fertilidad que no prosperaron hasta que pensaron en la posibilidad de adoptar. Hicieron todos los trámites en la Argentina y durante cinco años nunca tuvieron novedades.

A través de una pareja que había adoptado a un niño en Haití, comenzaron a manejar esa posibilidad. Martin viajó a ese país a llevar la carpeta que habían presentado y a los tres meses le comunicaron desde el orfanato sobre la posibilidad de adoptar a Tamar, una nena de dos años y medio. En 2012 viajaron tres veces a conocerla y a compartir tiempo con ella mientras se tramitaba el juicio de adopción. En marzo de 2013 se encontraban en Estados Unidos de vacaciones cuando les comunicaron la triste noticia del fallecimiento de la nena. “Para mí fue un duelo porque era como mi hija, Tiago había vivido todo el proceso con nosotros, fue impresionante”, recuerda Patricia.

Al día siguiente Martín viajó a Puerto Príncipe y lo llevaron directamente al velatorio de Tamar. Unos minutos después, la directora del orfanato le comentó sobre la chance de adoptar a otra nena, Yvana, de apenas tres meses, que recientemente había llegado al hogar.

Sin embargo, desde Miami Patricia estaba enojada y muy dolida con la situación. No quería ilusionarse con esa posibilidad. Pero en Haití la directora del orfanato le presentó a Martín a Yvana y se la colocó en sus brazos. Finalmente, Patricia se animó y dijo que sí. El 27 de diciembre de 2013 la fueron a buscar. “Tenía una carita de susto impresionante, no se paraba, casi no se sentaba y cuando lo hacía se iba hacia adelante. Apenas la vi, la tomé upa, hacía 45 grados de calor, las dos transpirábamos pero no me la despegué ni un segundo”.

Como Yvana tenía la columna desviada, lograron que la atendiera una médica francesa (hablaba inglés) en un hospital. Le hizo un chequeo y les dijo que le faltaba alimentación y proteínas porque solamente tomaba leche. “Entonces, le empecé a dar de comer, le armaba la papilla y ella me agarraba la mano para llevarse la cuchar a la boca”, se emociona Patricia.

En Ezeiza los familiares la esperaban con globos y pancartas, aunque Yvana no entendía nada. “Es impresionante como Tiago conectó enseguida con ella: le daba la mamadera, la cambiaba, la hacía dormir y nunca sintió celos”.

¿Cómo es Yvana? “es muy física, lo que más le gusta es todo lo corporal, le encanta trepar, correr, saltar, tiene mucha flexibilidad. Empezó a hacer danza y patín artístico. No se puede ir a dormir si antes no le leemos un cuento y está siempre de buen humor”, finaliza su mamá.

 

PUBLICADO EN LADO H

 

 

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