Se animó a derribar los estereotipos, modeló con una prótesis y quiere multiplicar el mensaje de luchar por lo que cada uno quiere

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Tomó mucha trascendencia lo que hicimos porque todos los años suelen hacerlo personas discapacitadas de otros países, pero nosotros fuimos los primeros argentinos que nos animamos, fue un desafío personal, nos costó mucho poder lograrlo. Me explotó literalmente la cabeza, fue una de las emociones más impactantes de mi vida, fue realmente como lograr una visión a futuro. Hubo lágrimas, llantos, dolor de panza, alegría, fue muy intenso. Haber logrado eso en compañía de mis amigos fue realmente muy emocionante”, expresa Nancy.

Nancy Roldán (40) nació con una malformación congénita denominada agenecia femoral y acortamiento de tibia y peroné del miembro inferior derecho. Más allá de esa incomodidad motriz, de chica practicó deporte: hizo gimnasia deportiva, vóley y softball. Si no podía correr de la manera convencional, cuenta, lo hacía de otra manera, se las arreglaba como podía. Nunca lo vivió como algo limitante o como un déficit.

Sin embargo, esa mutación llevó a tener que afrontar varias cirugías, la más importante en el año 1987 en el Hospital Italiano donde le cortaron la tibia y el peroné a la mitad, girando la parte inferior a 90 grados. Entonces, el talón quedó hacia adentro para que funcionara como rodilla. Se trató de una técnica bastante innovadora para la época.

La mirada cruel de una docente

A partir de ese momento debió permanecer un año en cama mientras se realizaba las diferentes pruebas para la colocación de su primera prótesis, que era de madera balsa y “super pesada”, que iba renovando cada un año y medio porque se encontraba en plena etapa de crecimiento.

Nancy tiene muy lindos recuerdos de su infancia en Coronel Dorrego (en la provincia de Buenos Aires) donde se crio junto a su mamá y a sus abuelos. Sin embargo, se empezó a tropezar con los primeros indicios de las miradas extrañas en la escuela: algunos de sus compañeros se burlaban. “Lo que más me molestó fue la mirada cruel del adulto, tuve un problema en sexto grado con una maestra que se había ensañado conmigo y quería que fuera a una escuela para chicos con dificultad de aprendizaje, me quería hacer repetir porque no le caía en gracia, pero yo no tenía ninguna dificultad intelectual, solo motríz”. Su mamá no lo dudó y decidió cambiarla de colegio.

Durante la adolescencia, Nancy continuó muy ligada al deporte: practicó karate y también anduvo en bicicleta. Una vez que terminó el secundario en Tres Arroyos, comenzó a estudiar la carrera de Guardaparque en la ciudad de Buenos Aires, pero al año siguiente se mudó a Tandil donde arrancó con Gestión Ambiental. Allí quedó embarazada de Irina (que hoy tiene 16 años) y el estudio debió dejarlo en un segundo plano.

Un amor a primera vista

En el 2007 se mudó a Mendoza y al año siguiente cuando conoció el Aconcagua fue como un amor a primera vista. Fue tal el impacto y la emoción que había sentido que en 2012 arrancó a estudiar para ser Guía Nacional de Turismo, carrera que finalizó hace unos meses.

Nancy tiene un amigo al que le falta la pierna izquierda y juntos venían soñando con la posibilidad de subir hasta el Aconcagua. “Para nosotros era un esfuerzo extremo porque íbamos a necesitar gente que nos diera una mano porque íbamos a contar con otras necesidades y con otros tiempos”.

La mañana del 14 de febrero del 2016 salió de travesía con Agustín, acompañados de un guía y de un fotógrafo. Arrancaron una marcha de unos 9 kilómetros en línea recta que realizaron en unas tres horas, parando cada 40 minutos para quitarse las prótesis y colocarse una crema. Luego, hicieron otras paradas técnicas y pasaron la noche en el primer campamento yendo rumbo al norte. Al día siguiente desayunaron, se hicieron unos controles médicos y caminaron durante 11 horas hasta Plaza Francia (uno de los campamentos de la pared sur) donde pasaron la noche. Al otro día regresaron hasta el campamento Confluencia.

“Tomó mucha trascendencia lo que hicimos porque todos los años suelen hacerlo personas discapacitadas de otros países, pero nosotros fuimos los primeros argentinos que nos animamos, fue un desafío personal, nos costó mucho poder lograrlo. Me explotó literalmente la cabeza, fue una de las emociones más impactantes de mi vida, fue realmente como lograr una visión a futuro. Hubo lágrimas, llantos, dolor de panza, alegría, fue muy intenso. Haber logrado eso en compañía de mis amigos fue realmente muy emocionante”, expresa Nancy.

Animarse a vencer a los estereotipos

A partir de esa experiencia, Nancy empezó a pensar en los objetivos que podía llegar a lograr ya que antes, cuenta, hacía las cosas de manera automática o por inercia. En ese momento tomó noción de que podía hacer lo que tuviera ganas de hacer. Solo debía proponérselo, visualizarlo e ir en pos de nuevos sueños.

Hace dos años, cuando le colocaron una prótesis mucho más moderna, se le ocurrió buscar en Internet si existía algún antecedente en relación a la participación de modelos en desfiles con alguna discapacidad motriz. Quería experimentar cómo funcionaban los estereotipos porque sentía que la mirada de los otros estaba continuamente condicionando el accionar de estar personas. Estuvo dos meses hasta que se animó y envió varias cartas a agencias de modelos de Mendoza donde manifestaba sus ganas de poder participar en algún desfile. El dueño de una empresa le contestó afirmativamente y Nancy realizó su primer desfile en diciembre de 2016 en un evento solidario en una escuela.

“Una experiencia personal muy fuerte”

A raíz de ese evento, una periodista de un diario local la llamó para ofrecerle participar en el “Mendoza Fashion Week”, uno de los desfiles de moda más importante del interior del país que se realiza todos los años en el Mendoza Plaza Shopping donde se presentan todas las tendencias primavera- verano del que participan modelos muy conocidas de la Argentina.

Fueron dos días completos desde las 10hs hasta las 22hs donde Nancy realizó cuatro pasadas luciendo, orgullosa, su prótesis. “La reacción del público fue muy buena, me sentí muy cómoda, para nada nerviosa, suelo ser bastante caradura”, se ríe. “Fue una experiencia persona muy fuerte, es una realidad que los estereotipos que estamos viendo todo el tiempo a la mayoría de las personas no nos representan y la idea fue romper con esos mitos porque todos somos diferentes  y cada uno es bello como es, no pasa por lo físico, sino por lo emocional”, agrega.

Nancy quedó tan contenta con esa experiencia que su deseo es volver a repetirla, pero no solo para beneficio personal, sino para que en algún momento pueda trascender y más personas con alguna discapacidad sean tenidas en cuenta para participar en este tipo de actos. “Lo importante es que se siga multiplicando el mensaje de que todos tenemos una misión en este mundo, no hay que quedarse, auto-compadecerse ni retrotraerse. Hay que desterrar el ´no puedo´. El mensaje es que hay que salir, seguir luchando por lo que uno quiere y ser completamente diferente a los demás, ser uno mismo, ser buenos seres humanos y tener empatía con los que tenemos al lado”.

PUBLICADO EN CLARIN.COM

 

 

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