Moksha: una iniciativa que busca generar cambios en personas privadas de su libertad

2

A través del yoga, los presos trabajan para respetar su propio cuerpo y el de sus compañeros.

El escenario es el patio del pabellón número 8 del penal de San Martín, uno de los de máxima seguridad, en el Gran Buenos Aires. Es jueves y el reloj marca casi las 10:00hs. Sobre uno de los paredones se observan algunas palabras, pintadas en forma de grafitis, que hacen alusión a algunos mensajes que se quiere transmitir. Alegría, sacrificio, paciencia, responsabilidad, confianza, humildad, amor, educación, empatía, fortaleza, libertad, honestidad, voluntad, escuchar y gratitud. Mientras tanto, unos 45 reclusos comienzan a acercarse. En minutos está por comenzar la clase semanal de yoga en la cárcel.

“Empezamos a ir a este pabellón un poco motivados por lo que el yoga había hecho en nuestras vidas, de transformación personal, con la intención de llevar esta práctica a personas que están en situaciones privadas de su libertad. Quizás, lo que nos llevó a este espacio fue esa búsqueda que todos tenemos de ésta libertad interior y encontrarnos con ver que podíamos generar un cambio en personas que hoy en día están desunidas y rechazadas por la sociedad”, explica Victoria Zimmermann, una de las directoras de Moksha, yoga en la cárcel.

Expectativas y sorpresas

Moksha es un equipo de profesores de diversos estilos de Yoga unidos bajo un mismo propósito. El proyecto es sin fines de lucro y nace del deseo de colaborar a construir una sociedad que incluye y da segundas oportunidades.

En Septiembre de 2015, gracias al contacto que les facilitaron los fundadores de “Los Espartanos Rugby Club”, iniciaron el proyecto Moksha en el pabellón 8 de la Unidad Penitenciaria Nº 48 / San Martin.

“El primer día que llegamos fue una sensación de asombro, se empezaron a abrir rejas con candados enormes y a medida que ibas pasando esas puertas se iban cerrando por detrás. Sentimos una sensación de que estas personas nos estaban recibiendo, como que se igualaban las condiciones. Ellos están en condición de encierro y nosotros éramos personas que estábamos en libertad, pero ellos nos estaban recibiendo en su casa, ahí se empezó a generar un vínculo de confianza. Ellos tenían ciertas expectativas de saber de dónde veníamos, con qué fin, quienes nos pagaban, según transmitían sus miradas. Fuimos un jueves, a la semana siguiente volvimos a ir, llovía o había paro y regresábamos y creo que eso los sorprendió, como que la cosa venía en serio”, recuerda Zimmermann.

“Comencé a sentirme mejor conmigo mismo”

“Al principio, quizás, llegábamos y no estaban en las celdas, les fuimos explicando de a poquito que nosotros llegábamos a las 10 y 9.45 ellos tenían que estar en el patio sin teléfonos. Al principio les costaba, quizás se levantaban en la mitad de la práctica, se distraían, miraban el teléfono, pero de a poquito empezamos a ganarnos la confianza y comenzaron a dejar el teléfono de lado, a sacarse las zapatillas, a quedarse hasta el final”.

“Cuando me invitaron a hacer yoga acepté con muchos prejuicios y no de muy buena gana. Pensé para dentro de mí: ¿Hacer yoga en una cárcel? ¡Estamos todos locos! Confieso que de a poco me fui soltando y relajando y, para mi asombro, mi mente se fue despejando. Cambió mi actitud, mi ánimo fue otro y comencé a disfrutar las clases. Me divertí con mis compañeros y comencé a sentirme mejor conmigo mismo”, recuerda Roberto.

La clase dura una hora y media y más allá de las posturas físicas hay dos momentos especiales. Un momento, explica Zimmermann, donde realizan una dedicación a alguien, como ir más allá de ellos mismos para proyectarse, y al final comparten esa experiencia en público para que los participantes pongan en palabras las sensaciones que sintieron. “Ahí es donde uno recibe como profesora esta devolución tan rica que viene desde adentro, desde lo que ellos experimentaron y eso es lo más valioso. Las palabras que surgen son: paz, relajación, armonía, unión, perdón, respeto, libertad, amor, encuentro, risas, diversión”.

Beneficios

El yoga busca conectarnos con ese ser nuestro más profundo, estar en el presente y poder encontrar nuestra liberación personal y ser felices. “En personas que están en situación de encierro entrar por lo físico es una ventaja. Ellos empiezan primero a conectarse con el cuerpo propio y con la no violencia hacia ellos mismos. Una vez que vos cuidás tu propio cuerpo y te conectás con que es necesario registrarlo, sanarlo y respetarlo de esa forma van a empezar a respetar el cuerpo del otro, la vida del otro. A ellos los trae mucho al presente y a un momento de una conexión interna de mucha paz, una sensación de libertad, de que no cargan con todo ese pasado ni con una sensación de culpa”,  puntualiza Zimmermann.

“Al arrancar la clase uno está lleno de cosas negativas y malas ondas y a medida que vas haciendo los ejercicios vas largando y transformando todo esto y sacando lo mejor de vos. El yoga te ayuda a estar bien, a comunicarte con vos mismo, a encontrar paz y a comunicarte con tus compañeros. Es una experiencia única. Ojalá que la gente encuentre en el yoga lo que yo encontré”, dice Pupi, otro de los beneficiarios de este programa.

Entrega de diplomas

Pero no solo se transforman aquellas personas que están privadas de su libertad. El cambio, además, repercute en aquellos docentes que ejercitan esta experiencia única.  “Desde el día que pisé el penal por primera vez no soy la misma persona en un montón de aspectos. El dar es recibir parece una frase hecha pero realmente uno empieza a tener una perspectiva de una mirada de atravesar esos muros físicos (rejas y candados)  en forma interior: ¿qué muros tengo que atravesar en mí?, ¿qué libertad voy queriendo buscar?,  ¿qué cárceles voy teniendo adentro mío?”, se pregunta Zimmermann, quien agrega que además en ese espacio encuentra una sensación de presente, de no tiempo, de estar acá “viviendo los momentos más felices, encontrando libertad  y una conexión muy profunda conmigo misma y con los demás”.

Hace un tiempo implementaron para fin de año la entrega de diplomas para los presos que participaron de la mayoría de las clases de yoga. Los mismos son firmados por el director del penal y por el equipo de profesores donde la idea es reconocerlos por haber sostenido una práctica durante un año. “Que te levantaste los jueves, que saliste de la celda a pesar de que te podías haber quedado. Es una manera de empezar a sentar estas bases porque lo que buscamos es que cuando ellos salgan puedan empezar a tener esa confianza de que pueden, de que hay algo que pueden transformar, de que si se proponen algo lo pueden lograr”.

Lo que comenzó siendo una prueba piloto en uno solo de los pabellones del penal, con el tiempo se fue convirtiendo en algo mucho más grande que ya se dicta en seis pabellones del penal de San Martín donde concurren aproximadamente unas 300 personas.

Contacto Moksha:

Web: www.mokshayogaenlacarcel.com.ar

Instagram: @moksha.yogaenlacarcel
Facebook: Moksha/Yoga en la carcel
Mail: contacto@mokshayogaenlacarcel.com.ar

 

PUBLICADO EN LADO H

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s