“Para ser madre fui más allá de los límites”

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No te pierdas de leer la hermosa historia de Vanesa y de su familia.

Vanesa Aquila (48) conoció a Roberto en un cumpleaños de una amiga a finales de 1999. Esa noche bailaron juntos hasta la madrugada. “Creo que va a ser un buen compañero, que me va a seguir el ritmo en la vida”, pensó ella para sí misma en aquel momento.

Un tiempo atrás Vanesa se había recibido el de Asistente Materno Infantil, al poco tiempo de licenciada en Psicopedagogía y comenzó a trabajar en el área de relaciones institucionales en la Universidad Católica Argentina (UCA). Luego, realizó una maestría en Recursos Humanos que la llevó a desempeñarse en una multinacional de tecnología muy conocida. Se trataba de una vida de éxitos y logros personales. Sin embargo, cuando lo conoció a Roberto, al poco tiempo se pusieron de novios y en 2002 comenzaron a buscar un bebé.

“Infertilidad sin causa aparente”

“Durante casi dos años buscamos sin éxito, yo tenía la intuición de que algo estaba pasando pero no sabía qué, los médicos me decían que tenía que esperar, que estaba muy focalizada en el tema, que me tenía que relajar”, recuerda Vanesa, a la distancia.

Como el deseo de ser padres seguía más vivo que nunca, Vanesa y Roberto decidieron realizar una consulta con un especialista en fertilidad, el doctor Edgardo Young (H). Comenzaron a hacerse estudios específicos y los resultados arrojaron que ella padecía una “infertilidad sin causa aparente”.

En 2004 comenzaron con los tratamientos de baja complejidad, inseminación artificial, y para el primero de los intentos tuvieron que vender el auto ya que en ese momento las prepagas no cubrían este tipo de procedimientos. Sin embargo, tantos esfuerzos económicos, físicos y emocionales no dieron sus frutos. “Fueron momentos en los cuales llorábamos juntos. Eran días de mucho dolor, era poner todo y sentir que no teníamos nada, como otra vez empezar de 0. Roberto siempre me decía que teníamos que seguir porque cuando tubiéramos a nuestro hijo todo este dolor se iba a transformar en alegría y amor”.

Poner en palabras el dolor para seguir adelante

A partir de esos momentos Vanesa comenzó a transitar los duelos permanentes de esos hijos que no podían ser. En su terapia, empezó a elaborar esos sentimientos de enojo, angustia, bronca y tristeza. “La terapia me permitía hablar de lo que yo sentía en ese momento y al poder ponerlo en palabras podía seguir adelante”, confiesa.

En el año 2007 hicieron una pequeña pausa en esa búsqueda tan anhelada, al tiempo que comenzaron a colocar su atención en rezarle con todas sus fuerzas al mismo Dios que les había dado la vida, pese a que ella es católica y él judío. De esa manera arrancaron a transitar, juntos, por un camino de fe. “A esa altura lo que nos mantenía con esperanzas era la fe de que algo iba a pasar. Mi marido me acompañaba todos los fines de mes a San Ramón, cantábamos juntos y nos encomendábamos a Dios. Yo le decía que estaba en sus manos, entregándome y despojándome de todo”.

Pensar en la adopción

Al poco tiempo se fueron de viaje a Salta ya que muchas personas les hablaban de la existencia de una “virgen milagrosa”. “Vivimos una experiencia profunda y espiritual al subir al cerro y sentir el olor a rosas, el perfume de la virgen, él cantaba al lado mío y vibraba esa fe que teníamos”.

Al regresar de ese viaje, Vanesa sintió que tenía que hacerle una propuesta a su marido.

-Yo siento que Dios nos está señalando otro camino y nosotros estamos empecinados en este. ¿Vos te animarías a acompañarme en el camino de la adopción? -le preguntó.

-Vamos juntos en esto -le respondió Roberto.

Finalmente, en 2007 presentaron la carpeta correspondiente para poder ser padres adoptivos. “Tuve que ir hacia lo más profundo de mi corazón y escuchar eso, fue un trabajo de mucha reflexión personal, de cuales eran mis prioridades y tuve que renunciar a muchas cosas, eso es parte del camino. Cuando uno decide tomar el camino de la adopción, uno se juega a todo porque no vale el deseo de yo quiero ser padre y lo voy a lograr. Era entender que el eje estaba puesto en los niños: ellos son los que tienen derecho a una familia”.

Catalina: el primer milagro

Tras más de tres años de espera, en junio del 2010 recibieron un llamado proveniente del Juzgado 88 de la Ciudad de Buenos Aires. La persona que habló con Vanesa le dijo que los querían conocer personalmente, sin anticiparle nada. Al día siguiente fueron a ver a la jueza.

-Hola chicos, ¿cómo les va? -les preguntó muy amablemente la jueza.

-Bien, un poco ansiosos -les dijeron los dos casi al unísono y tomados de las manos.

-Quiero conocerlos porque tengo una noticia para ustedes y es que ya son papás -los sorprendió. Ahora es el momento de llorar, después no van a tener tiempo -les dijo, mientras Vanesa y Roberto no podían contener la emoción.

-No podemos creer la noticia -atinó a decirle Vanesa a la jueza.

-Les cuento que es un bombón que los está esperando.

-¿Cómo es? Cómo se llama? -preguntó Vanesa.

-Este bombón se llama Catalina, tuvo unos problemitas respiratorias por lo que estuvo en Neonatología y ahora está en un hogar de tránsito al cuidado de una pareja de abuelos. Si les parece bien voy a pedir permiso para que puedan ir a conocerla -les propuso.

Vanesa y Roberto no podían contener todo el llanto y la alegría que sentían. Tras recibir la visita en su casa de la asistente social, por fin había llegado la hora de conocer a Catalina. Si bien estaban citados a las 16hs, la ansiedad pudo más y debieron esperar una hora adentro del auto. Y para calmar los nervios, se pusieron a llamar a varios familiares y amigos para contarles, de una manera original, que estaban a minutos de conocer a su hija.

“Cuando la señora nos abrió la puerta percibimos que se trataba de una casa muy grande y muy cálida y Catalina estaba durmiendo la siesta en el piso de arriba. “A ella le gusta despertarse con la luz del día, ustedes tienen que levantarle la persiana despacito”, recuerda Vanesa que le dijo la señora.

-¿Quieren despertarla? -les preguntó.

-Sí, claro, siento que me explota el corazón -le respondió Vanesa.

“En ese momento me acerqué a la cunita, la destapé lentamente, ella se movió despacito y me miró con unos ojos enormes. ´Hola hija, ¿cómo estás?, acá está mamá, acá está papá, te vinimos a buscar. Gracias por esperarnos, siempre vamos a estar juntos´”.

Tras un período de vinculación, finalmente Catalina comenzó a vivir junto a su mamá y a su papá. “Cuando llegó Cata sentí que había escuchado esa voz desde lo profundo del corazón que me había conectado con ese destino y que ella me daba esa alegría como diciéndome: ´estoy acá porque hiciste lo que tenías que hacer´. Yo sentí que había cumplido un sueño, verla a ella sonreír cada mañana y abrir sus ojos para mí era un milagro”.

Francisco José

Una tarde Vanesa recibió el llamado del doctor Young para recordarle que todavía tenía congelados los embriones del último tratamiento de alta complejidad. “¿Qué vas a querer hacer?”, le preguntó.

A Vanesa le gustaba la idea de que Catalina tuviera un hermano ya que ella es hija única, pero al mismo tiempo sabía que era casi imposible que eso sucediera. Sin embargo, quedó embarazada de Francisco José.

“En el embarazo había tenido muchas pérdidas y tuve que hacer reposo absoluto: iba de la cama al baño y del baño a la cama para no perderlo. Recién en el quinto mes me animé a salir a la calle, a dar vueltas manzanas, a hacer un poco de vida normal. Y a partir de ese momento empecé a sacarme fotos con la panza. Una vez que nació Francisco era tocar el cielo con las manos”, recuerda, emocionada.

Juan Ignacio

Francisco tenía un año y medio y en el verano del 2014 decidieron irse a Costa del Este, unas vacaciones que los cuatro disfrutaron a pleno. “Cuando volvemos a Buenos Aires, una vez que empezaron las clases, la maestra le pidió a Catalina que hiciera un dibujo y ella hizo la playa, las olas, pero incluyó a cinco personas. La maestra me lo dio y me dijo que lo tuviera de recuerdo como entendiendo ese sexto sentido que tienen los chicos, ese nivel de percepción que es mucho más alto que el nuestro”.

Por un instante Vanesa creyó que podía estar embarazada, pero inmediatamente se dio cuenta que no podía ser. Sin embargo, no podía sacarle la mirada a ese dibujo de su hija, se hizo un test de embarazo y el resultado dio positivo. Se quedó en shock, no lo podía creer.

-No me digas que la niñera quedó embarazada otra vez -le dijo Roberto no bien Vanesa le mostró la prueba de su embarazo.

-No, es mío -le respondió su mujer.

-Hagamos una cosa: tranquilisémonos, mañana te hacés el análisis, vas a ver a Edgardo y terminamos con todo esto porque vos sabes que es imposible.

-Sí, ya lo sé.

Al otro día se hizo los análisis y su médico le confirmó que estaba embarazada. Más allá de las pérdidas, el embarazo llegó a buen término y la llegada de Juan Ignacio terminó de completar el círculo de esta hermosa historia de amor.“Siento humildemente que soy una madre emprendedora del corazón, que fui más allá de los límites”.

“Catalina (9) es la princesa de la casa, es una niña con un corazón enorme y sabe lo que quiere. Es feliz y está muy segura de sí misma. Francisco José (7) es un hijo muy especial porque me dio una gran lección, tiene que ver con ir más allá de los límites, yo transgredí muchas reglas y lo fui a buscar. Él es un nene muy alegre, intuitivo, le encantan los deportes, es muy activo y en cada mirada de él siento que me vino a enseñar a perder el miedo. Juan Ignacio (4) va a tener 30 años y va a seguir siendo el bebé de la casa, es un milagro, es muy cariñoso, dulce y a través del juego con sus hermanos une en el amor”, dice, orgullosa, su mamá.

Desde hace unos años, Vanesa acompaña y orienta a padres en las etapas pre y postadoptiva. “Es muy importante esclarecer y trabajar con los papás el significado de la adopción y focalizar en el cambio de paradigma frente a la adopción. Como psicopedagoga los ayudo a pensar desde un lugar distinto en el cual tienen que desaprender un camino para aprender a recorrer otros”.

 

PUBLICADO EN LANACION.COM

 

 

 

 

 

 

 

 

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