Su mamá le donó un riñón para que cumpliera el sueño de tener una hija

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 “Uno piensa que una madre puede dar todo por sus hijos, pero en el momento en que me lo dijo me quedé helada porque ella también tenía otros hijos y me iba a dar la vida nuevamente así que fue muy emotivo”, llora Fernanda.

“No se trata solamente de salvar vidas, sino también de dar más vida y eso es muy loco porque si no hubiera sido por mi mamá yo no sé si hubiera podido tener a mi hija”, dice Fernanda Ovejero (32), que fue trasplantada gracias a que su mamá le donó un riñón. Hoy disfruta de Emma, su hermosa beba de un mes que llegó para cumplirle su sueño.

Con muy pocas palabras Fernanda emocionó a todos los médicos, enfermeros y pacientes que se hicieron presentes en el Hospital Alemán donde se realizó un acto con motivo del Día Nacional de la Donación de Órganos.

El primer llamado de atención

A los 10 años Fernanda hizo un sangrado por nariz y a raíz de ese episodio los médicos le dijeron a sus padres que tenía presión alta, situación que le ocasionó un reflujo vesicoureteral, que ocurre cuando la orina retrocede de manera anormal desde la vejiga por los uréteres por lo que la orina llega a los riñones y esto puede causar infección, cicatrices e, incluso, daño hepático a largo plazo si no se trata.

A partir de ese momento tuvo que tomar medicación para la presión y hacerse controles. Mientras tanto, hacía una vida normal pero debía cuidarse con el tema de la sal.

Con el paso del tiempo su función renal comenzó a disminuir hasta que a los 24 años debió hacerse diálisis. Por su edad y su contextura física los médicos le indicaron la diálisis peritoneal, donde el paciente se puede dializar en su casa sin la necesidad de asistir a un centro médico.

“Tenía que tener una constancia de higiene para poder hacerlo en mi casa. Tenía que estar en una habitación en la que no hubiera humedad, con las ventanas cerradas, ser muy higiénica en la mesada que usaba y, fundamentalmente, en el lavado de manos. Lo hacía en mi casa donde vivía con mis padres y con mis tres hermanos con quienes compartía la pieza. Toda la familia tuvo que amoldarse, desde el momento que lo hacía ellos sabían que tenían que salir, no podía estar con nadie y debía usar barbijos”, relata Fernanda.

La posibilidad de pensar en un trasplante

Ya hacía unos años que estaba de novia con Pablo y a los 26 se fue a vivir con él. En algún momento los médicos le habían sugerido, tibiamente, sobre la posibilidad de un trasplante, pero Fernanda estaba totalmente negada. Sin embargo, como uno de sus deseos era ser madre un día tomó la decisión de anotarse para empezar a hacer los trámites en el INCUCAI. Arrancó a averiguar y su obra social le recomendó que fuera a hacerse los estudios al Hospital Alemán.

De esa forma conoció al Dr. Gustavo Palti, Jefe del Servicio de Trasplante Renal de esa institución.

-¿Tenés ganas de ser trasplantada? –le preguntó el doctor.

-Sí, pero tengo miedo –le contestó Fernanda.

-No hay que tener miedo, el trasplante es una salida a esta problemática del día a día y vas a poder hacer una vida normal con controles –le sugirió Palti. -Espero que te trasplantes y a los dos años vengas y me digas que querés ser mamá –insistió.

Su mamá, una donante muy especial

Pablo fue el primero que le ofreció donarle un riñón a Fernanda, pero en ese momento el doctor les informó que la prioridad para ser donantes la tenían los familiares cercanos como su mamá y su papá y en segundo lugar alguno de sus hermanos.

Como su papá era diabético no podía ser el donante, entonces se ofreció Graciela, la mamá. “Entendí eso que dicen que por un hijo uno hace todo porque hemos hecho un montón de estudios y siempre contentas y esperanzadas. Nunca se me cruzó por la cabeza que algo podía salir mal. Era verla a ella y a Pablo tan contentos”, recuerda su mamá.

“Uno piensa que una madre puede dar todo por sus hijos, pero en el momento en que me lo dijo me quedé helada porque ella también tenía otros hijos y me iba a dar la vida nuevamente así que fue muy emotivo”, llora Fernanda.

A partir de ese momento sus hermanos comenzaron a hacerle algunos chistes a Fernanda con el objetivo de descomprimir la situación y romper el hielo, como ella misma dice: “Ahora sos la preferida”, “cuando te trasplanten te vas a parecer más a mamá”, le decían.

En octubre del 2013 Fernanda y Graciela comenzaron a hacerse los estudios previos para la realización del trasplante que se llevó a cabo el 9 de diciembre en el Hospital Alemán.

“Estábamos todo el tiempo juntas”

“Nos internamos la noche anterior y el día del trasplante vino toda la familia a vernos, parecía como una despedida, fue muy emotivo, lloramos mucho y, según cuentan los demás, la espera fue terrible. Antes de entrar al quirófano estábamos todo el tiempo juntas, cada una en su camilla, hasta que llegó un momento en que nos separamos y a cada una nos llevaron a un quirófano diferente”, rememora Fernanda.

No bien se despertó de la operación, Fernanda se dio cuenta de lo bien que le funcionaba el riñón que le había donado su madre ya que inmediatamente pudo orinar. “Al tercer día ya estaba sentada, la fui a ver a mi mamá a su habitación y ella se reía y me decía que no podía creer que me había recuperado antes que ella”.

Una vez que le dieron el alta Fernanda volvió a su casa, sintiendo la alegría y la emoción de saber que no iba a tener que volver a hacerse diálisis como venía sucediendo desde hacía un año y medio atrás.

A partir de ese momento empezó a tomar una nueva medicación y a hacerse los controles, que al principio eran más seguidos y que en la actualidad son una vez al mes. “Vivo con esta cuestión de cuidarme y estando atenta a los estudios, pero a la vez es muy reconfortante cuando observo unos valores normales”.

Emma

Tras esperar unos años, en febrero de 2018 Fernanda y Pablo empezaron a buscar familia y el 27 de agosto recibieron la noticia más esperada. “Cuando vi la ecografía y pude escuchar el latido de su corazón empecé a creer y a confiar en que sí se podía. Pensé en mi mamá y en mi papá que no tenían nietos y que yo les iba a dar esa alegría después de todo lo que había pasado. Ella me salvó la vida y yo le regalo más vida”.

“Cuando me dijo que estaba embarazada fue hermoso porque, además, venía con una  tarjeta que decía que gracias a que yo le había dado la vida nuevamente se producía el milagro de un bebé en camino. Fue muy emotivo”, cuenta Graciela.

Fernanda cuenta que tuvo un embarazo “super divino y saludable” lo que le permitió seguir trabajando como maestra en un jardín en Rafael Castillo, en la provincia de Buenos Aires. Tenía fecha de parto para el 3 de mayo, pero Emma estaba ansiosa por conocer a sus papás y nació el 23 de abril, a las 38 semanas, por cesárea.

“Como Pablo y yo somos chiquitos en estatura pensaba que Emma iba a nacer flaquita, pero nos salió una cachetona hermosa de 3,310KG”, dice Fernanda, mientras a lo lejos se escucha el llanto de su pequeña hija que parece que tiene ganas de comer.

PUBLICADO EN CLARIN.COM

 

 

 

 

 

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