Superó la pobreza y enfrentó el abandono: hoy le enseña a otros cómo sacar ventaja de la adversidad

sonia grotz jornadas 1

De una infancia cómoda a una juventud hostil, la vida de Sonia Grotz cambió de rumbo muchas veces. Pero ella siempre supo trabajar sobre los escombros para reconstruirse.

“Esta parte de la historia comenzó en el año1991. En aquel momento vivíamos en Ituzaingó en una  casa grande con pileta y teníamos dos autos. Yo iba a la Universidad de Morón y empezaba a estudiar Ingeniería. Mi padre volvió una tarde contando que se había quedado sin trabajo. Tantas veces nos habíamos mudado por sus diferentes proyectos laborales que mi primera idea fue que, sin dudas, pronto encontraría otro trabajo. Pero en ese momento él ya tenía 50 años y la búsqueda no arrojaba resultados positivos. El tiempo pasaba y todos los gastos se sumaban y los ingresos no llegaban. Mi madre propuso que sería una mejor y más económica alternativa mudarnos a Ciudad Evita. Y así lo hicimos, comprando un gran terreno, donde empezamos a edificar. Mi padre nunca pudo reponerse de su pérdida del puesto gerencial y un día decidió irse”.

En ese momento Sonia Grotz tenía 18 y era la mayor de cuatro hermanos. “Sentía mucha desolación y sin siquiera poder hablar sobre eso. Pero aunque toda la lógica parecía demostrar que era imposible mejorar y salir adelante, algo adentro mío me impulsaba a no perder la fe y a seguir luchando no por mí, sino por mis hermanos”.

Ese aprendizaje cambió mi vida”

Durante ese tiempo, cuenta Sonia, las prioridades en su familia se fueron modificando por obvias razones. Pasaron momentos más duros que otros sin las comodidades mínimas, sin poder tener agua caliente,  luz y hasta llegaron a cocinar con carbón.

Cuando se instalaron en el nuevo barrio y empezaron a construir, tenían un vecino que no salía de su asombro al ver todo el esfuerzo que Sonia, sus hermanos y su mamá hacían. Un día les comentó que tenía una fábrica de alpargatas. “Yo jamás había usado eso en mi vida, me las mostró, le compré un par y me parecieron geniales. Y ahí mismo se me ocurrió que podíamos capitalizar todos los conocidos que tenía mi mamá (había vivido ahí de joven) así que pedí la primera tanda y nos fue muy bien, salíamos con el último auto que nos quedaba y recorríamos todas las casas conocidas y las recomendadas. Cada vez que alguien las compraba era una gran felicidad, ese día podíamos comer y seguir comprando materiales para construir la casa. Hasta ese momento jamás había vendido nada, pero fue un gran entrenamiento, sin haberlo buscado, ese aprendizaje cambió mi vida”, se emociona Sonia.

Paralelamente, Sonia comenzó a cursar el profesorado en Educación Preescolar, una decisión que la puso más que contenta porque siempre había querido enseñar.

Sol de juguete

Mientras estudiaba, seguían construyendo. La dueña de una ferretería le comentó que había tenido un jardín de infantes y que quería vender todo el equipamiento (mesitas, sillitas y material didáctico). A Sonia le pareció una posibilidad muy interesante, se pusieron de acuerdo en los números y les vendió todo. Finalmente, terminaron una parte de la casa, un salón, y en ese lugar empezaron a cuidar chicos como si fuera un jardín. Y fuera de ese horario ella daba clases de apoyo para chicos de primaria. “Fue una experiencia maravillosa, aún hoy sigo en contacto con algunas de esas familias”, dice Sonia, que actualmente tiene 48 años.

Ya terminando el profesorado, la “gran casa” de Ituzaingó se vendió y Sonia y su familia pudieron comprar otro terreno para construir un jardín de infantes al que llamaron Sol de Juguete. “Mi hermana Ana también hizo el profesorado y era la Directora. Sin muchos recursos, ni contribución del estado, también ofrecíamos posibilidades a las familias que no podían pagar la cuota. Lo más importante eran los niños. Tener un emprendimiento requiere de mucha energía y conocimientos. Más allá de la formación docente, en ese momento no contaba con habilidades para administrar ese proyecto. Y no prosperó como anhelábamos”, se lamenta.

Cuando Sonia hace referencia a que el proyecto no salió como pensaban, se refiere a que poco tiempo después abrieron dos jardines estatales en las inmediaciones, con lo cual perdieron una parte importante de la matrícula. “En ese momento todo volvió a hacerse más difícil y el camino fue ir dejando ese sueño y buscar otras opciones para generar ingresos”.

El sacrificio dio sus frutos

Al poco tiempo Sonia empezó a hacer telemarketing en forma independiente sin conocer sobre llamadas internacionales y menos de ventas telefónicas a empresas. Sin embargo, cuando se dio cuenta de lo que podía ganar con las comisiones, puso toda su energía para aprender y mejorar.

“Ya mis hermanos eran más grandes y se me ocurrió que si yo había aprendido, también podría enseñarles a ellos cómo hacer telemarketing y nos fue bastante bien. De esa etapa recuerdo a un hombre muy bueno, Rodolfo, que nos trató muy bien y hasta nos facilitó un espacio en sus oficinas. Todo era de manera informal. Mis hermanos, mi madre y yo viajábamos todos los días en colectivo desde Ciudad Evita hasta el Microcentro para trabajar en esa oficina. Pero de nuevo, el contexto cambió y las comisiones bajaron. Entonces, un día decidí que la situación podría mejorar si encontraba un trabajo en relación de dependencia. Justo ese domingo salió una búsqueda relacionada con ventas. Llevé mi CV, la empresa estaba casi en la esquina de donde estaba la oficina en la que trabajábamos. A los pocos minutos de haber dejado el sobre me llamaron para la entrevista y un mes después ya estaba trabajando”.

Para ese entonces su objetivo era poder alquilar un departamento en el centro para evitar viajar cuatro horas todos los días. Sus hermanos, si bien eran chicos, con todo lo que aprendieron pudieron encontrar trabajos relacionados con ventas. “Y con mi primer recibo de sueldo alquilé el departamento a media cuadra de la avenida córdoba”, rememora Sonia.

 Marca Personal

Al año de estar trabajando, cuenta, logró comprar un departamento en la avenida Corrientes y empezó a estudiar comercialización en la UADE. Trabajaba durante el día y por la noche cursaba. Se trataba de tiempos de mucho esfuerzo, pero Sonia estaba entrenada: sabía que era el único camino para crecer.

Posteriormente estudió Comercialización, luego hizo medio MBA en la Universidad de Palermo y más tarde decidió incursionar en el mundo del Coaching. Fundó su consultora Creativa Consulting, sin más capital que su conocimiento, dice.

En el año 2017 escribió Marca personal, un libro al que define como “la oportunidad de realizar un viaje de autoconocimiento para poder hacernos preguntas que nos permitan mejores resultados, con el objetivo de alcanzar  mayores niveles de bienestar”.

Actualmente, Sonia da clases en la Universidad de Belgrano, sigue con su consultora y con sus clientes de coaching de marca personal y, además, pertenece a un grupo de mujeres empresarias (GEMA) donde se potencian y se motivan para promover actividades y generar networking.

“Un vínculo para siempre”

¿Cómo están tus hermanos en la actualidad? “Mi hermana más chica se fue a vivir a Austria y mis dos hermanos están trabajando en Buenos Aires, todos de alguna manera vinculados a la tecnología. Los quiero muchísimo y quiero que sean felices. Alguna vez leí al pasar que los hermanos son esos seres que conocen aspectos tuyos que pocas personas conocen, compartieron tiempos y espacios que nadie más ha compartido. Es un vínculo para siempre”.

Por último, Sonia desea compartir un mensaje con aquellas personas que se encuentran transitando un momento adverso. “Lo único que podemos controlar es cuál va a ser nuestra actitud frente a lo que sucede. Y las situaciones difíciles son la gran oportunidad de conocer nuestros talentos. Aceptar lo que sucede, abandonando el papel de víctimas, es lo que nos dará paz sabiendo que hicimos nuestro mayor esfuerzo”.

 

PUBLICADO EN CLARIN.COM

 

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