Una vecina llevó a vivir a su casa a una mujer de 96 años y juntas preparan barbijos para el hospital de la zona

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Roxana cuenta que si bien vivía (junto a su marido y a sus dos hijos adolescentes) al lado de Telma cada día se le complicaba más poder dedicarle el tiempo y la atención que ella necesitaba. Lo único que tenía en claro, dice, era que no deseaba que la “abuelita” fuera a un hogar para ancianos. Entonces, lo conversó con su familia y le propuso que fuera a vivir a su casa.

 “Ella es de lo más lindo y perfecto que hizo la naturaleza. Mi vecina, mi compañera, la que me hace renegar, la que más de una vez me hace escapar algún lagrimón. La que demanda, la que exige, la que pucherea. La que roba mis días, mis horas. La que está al tanto de todo lo que pasa en el mundo. La que nada se le escapa, la que no oye, pero te escucha. Hoy se puso la camiseta con sus 96 años y nos pusimos a hacer barbijos. No puedo amarla tanto, mí Telmix hermosa me llenás el corazón a punto de explotar”.

Este posteo de Facebook, que hasta el momento tiene casi 33.000 me gusta, 9.000 comentarios y 16.000 compartidos, pertenece a Roxana Grimaldi (40), una mujer que hace unos meses decidió “adoptar” a Telma, una abuela de 96 años con quien comparte una verdadera historia de amor.

Amor a primera vista

Desde 9 de Julio, una ciudad distante a 280 kilómetros de Buenos Aires, Roxana cuenta que Telma fue hija de madre soltera y que desde muy pequeña tuvo que realizar trabajos duros de campo como arrear vacas, chanchos y todo lo que el campo demandaba. Además, con solo 11 años ya cocinaba, planchaba, limpiaba y tenía a cargo el cuidado de sus primas más chicas. Algo que Roxana misma define como una vida sufrida.

En 1987, cuando tenía ocho años, Roxana y su familia se mudaron desde Buenos Aires hacia esa localidad bonaerense. “Ella fue lo primero que vi, vivía en un hermoso rancho misterioso que día tras día lo iba investigando para develar esos secretos. Ella era mágica, me fabricaba interminables gorros de lana de muchos colores, bufandas haciendo juego y vestiditos para mis bellas muñecas de colección”, rememora.

“Me acuerdo que Roxana era una belleza de chica, siempre venía a mi casa a tomar mate y a jugar”, agrega Telma, con una voz que denota simpatía, franqueza y agradecimiento.

“Fue una de las cosas más tristes que me pasó con ella”

El cariñoso vínculo fue creciendo entre las dos a medida que pasaron los años. Sin embargo, una nochecita de abril de 2019 comenzaría una etapa que en ese momento, seguramente, ninguna de las dos se imaginaba. Fue cuando Roxana fue al rancho a visitar a Telma. “No la encontré bien, estaba decaída, acostada, algo pálida. Cuando quiso levantarse me pidió que pusiera el agua a hervir para tomar algo calentito, fui a su cocina y cuando me di vuelta la vi caer. Fue una de las cosas más tristes que me pasó con ella, fue ver que ese ser que siempre me cobijó iba a pasar a ser quien yo tenía que cobijar ya que no iba a ser la abuelita que me esperaba cada tarde con el mate”, llora Roxana.

A raíz de la caída, Telma debió permanecer internada durante ocho días en un hospital. “Le doy gracias a Dios que estaba ella porque si no hubiera pasado toda las noche solita. Desde ese momento nunca más me abandonó, me iba a ver todos los días, me daba de comer. Para mí es más que una hija”, se enorgullece Telma.

“Me hicieron una piecita muy linda”

Roxana cuenta que si bien vivía (junto a su marido y a sus dos hijos adolescentes) al lado de Telma cada día se le complicaba más poder dedicarle el tiempo y la atención que ella necesitaba. Lo único que tenía en claro, dice, era que no deseaba que la “abuelita” fuera a un hogar para ancianos. Entonces, lo conversó con su familia y le propuso que fuera a vivir a su casa.

“Se lo manifesté y ella lo entendió a pesar de que el rancho era su lugar en el mundo. Todo llevó a la conclusión de que si venía a casa iba ser más fácil para mí y más cómodo para ella. Mi esposo me apoyó en todo momento, siempre, se bancó todas: desde que faltara varias noches por quedarme con ella, tener que hacerse cargo más de una vez del almuerzo porque yo llegaba de trabajar y tenía que irme a su casa para que no quede sólita o cocinarle y tantas cosas más”.

Pasaron unos meses para que Roxana pudiera armarle una habitación a Telma en su casa aprovechando una porción de su terreno que conectaba con una puerta que a su vez se vinculaba con su vivienda.

“Me hicieron una piecita muy linda, grande, que tiene un baño y tres ventanas. Ella me hace de comer, paso tiempo con su familia, su marido siempre pasa a verme para ver si necesito algo, son todos como mis hijos”, expresa Telma con una sonrisa de oreja a oreja.

Manos a la obra

Hace unos días Roxana entró a la pieza de Telma con la intención de fabricar barbijos ya que el hospital de la zona lo estaba necesitando para los profesionales de la salud en estos días de pandemia mundial.

-Voy a armar unos barbijos para el hospital y de paso estoy un rato con vos –le dijo Roxana a Telma.

-A mí me gustaría poder ayudar –le insinuó Telma.

“La veía muy entusiasmada y con la responsabilidad de tener que terminar el trabajo buscando prolijidad y rapidez. Sentí que era una de las personas del equipo que estaba ayudando para ganar la batalla, fue muy fuerte lo que Telmix (como ella la llama) me hizo sentir”.

A Telma la cuidan dos personas: una por la mañana y otra por la tarde. Además, todos los días la visita una enfermera y un kinesiólogo para que se ejercite. “Mis hijos la quieren mucho, ella los vio nacer y tejió varios de los vestiditos para las muñecas de Nerina (15) y Matías (12) rompió más que una de sus bellas plantas floridas que tanto amor le despertaron a lo largo de su vida, pero ella jamás se enojó”, dice Roxana. “Es muy laboriosa así que siempre está queriendo hacer algo, juro que es feliz y tiene muchas ganas de vivir”.

 

PUBLICADO EN LANACION.COM

 

 

 

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