Puso a disposición su clínica de rehabilitación para armar un hospital por el coronavirus

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“Contamos con 25 camas cuchetas que serán utilizadas solo la parte de abajo, las demás las pondrá el Municipio para completar un Hospital de Campaña con 39 camas disponibles. Desarmaremos mi oficina de dirección, la sala de Cine Debate y Talleres, como así también uno de los consultorios de Psiquiatría. Estos tres lugares serán transformados en habitaciones”, expresa Luis.

“Lo venía pensando bastante y desde el viernes 20 de marzo que veía cómo se estaba complicando todo el tema de la pandemia por el Covid-19 en el mundo entero, y como siempre me dejo guiar por mi corazón y mis sentimientos de ayudar al otro, me pregunté sobre la posibilidad de poner nuestra institución a disposición de todos los argentinos porque la única manera de salir adelante es estando juntos”.

A Luis Marchioni se lo nota tan emocionado como feliz. Atrás quedaron los días en que la adicción a la cocaína le hizo perder dinero, vínculos con sus seres queridos y no poder ver a su hija durante más de dos años. Incluso, hasta estuvo al borde la muerte. Sin embargo, pudo volver a sonreír y es una persona que contagia alegría, fuerza, perseverancia y, por sobre todas las cosas, amor por la vida.

Volver a vivir

Toda esa etapa oscura que pasó la mantiene vivo en su recuerdo para tomar conciencia desde qué punto partió una vez que levantó la cabeza para darse una nueva oportunidad para ser feliz y hacer felices a las personas que lo rodean. Luis repite que hace dos años, un mes y 28 días que lleva en recuperación, totalmente alejado de las drogas.

Fue por esa razón que hace un tiempo comenzó a soñar con crear la Fundación E.I.R.A (Centro Emocional e Interactivo de Resiliencia Argentina), una institución para poder internar a pacientes que se encuentran pasando el infierno que él mismo, en primera persona, tuvo que atravesar.

La inauguración de esta hermosa quinta en Tortuguitas (cuenta con 7.350 metro cuadrados que incluyen cinco habitaciones, quincho, parrilla, pileta y cancha de fútbol, entre otras cosas) estaba prevista para mediados de marzo, pero a raíz del coronavirus Luis tuvo que cambiar de planes. Y en lo primero que pensó, una vez más, fue en ponerse al servicio del otro. Para ello contó con el aval y el entusiasmo de Mónica Quiroga y de Eduardo Alonso, socios en este proyecto y amigos de la época en que Luis vivía en Carlos Casares (provincia de Buenos Aires).

“El aporte va a ser grandísimo”

Por esa razón se contactó con el municipio de Malvinas Argentinas y puso al servicio la quinta para poder alojar a pacientes que contraigan la enfermedad. Y la respuesta afirmativa no tardó en llegar.

“El aporte que va a dar esta quinta en esta época será grandísimo ya que la municipalidad está muy necesitada de espacios para implantar unidades de diferentes tipos al área de Salud ante esta pandemia porque los lugares que tenemos se van a ver desbordados al momento del pico. Lo que se va a armar en este lugar es un espacio de aislamiento para personas infectadas y/o familiares de éstas que en vez de ir a sus casas, donde seguramente tengan contagio por estar en espacios reducidos, sean recuperados en estas zonas tratadas y monitoreadas. Serán pacientes infectados pero de gravedad leve, que no ameriten tratamiento y atención en hospitales”, dice Roberto Caratozzolo, Secretario de Obras Públicas y Planificación Urbana del municipio de Malvinas Argentinas.

“Contamos con 25 camas cuchetas que serán utilizadas solo la parte de abajo, las demás las pondrá el Municipio para completar un Hospital de Campaña con 39 camas disponibles. Desarmaremos mi oficina de dirección, la sala de Cine Debate y Talleres, como así también uno de los consultorios de Psiquiatría. Estos tres lugares serán transformados en habitaciones”, expresa Luis.

 Un antes y un después

Luis se emociona a la hora de hablar de los sentimientos que se le vienen encima a la mente (y a su corazón) al poder ayudar desde su humilde lugar. “Mi mamá debe estar orgullosa viéndome desde donde se encuentre, ella siempre soñó con verme bien, feliz y sano y lamentablemente no pudo verme así. Cuando me dijeron que había muerto yo estaba duro, no sentía nada, todos lloraban y yo no sabía qué estaba pasando. Seguí consumiendo y a los tres días fui a pedir ayuda porque sentía que me moría, no podía más”, confiesa.

Empatía y solidaridad

A partir de su recuperación, Luis recorre el país dando charlas en escuelas primarias y secundarias sobre prevención y concientización sobre adicciones, consumos problemáticos.  Pero por sobre todas las cosas no se queda quieto ni in minuto y no deja de pensar de qué manera puede evitar que tantos jóvenes pasen por lo mismo que pasó él.

“La quinta la armé pensando en la gente y en las personas que vendrían a nuestra institución a mejorar su vida. Nada me llena más en estos momentos de la pandemia que poder brindarle una mano al que lo necesita. En este momento es cuando debemos poner todo y todo es todo, sin mirarse el ombligo ni buscar ningún tipo de beneficio”.

Publicado en lanacion.com

 

 

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