Pese a ser ciego, desde los 10 años se destaca en el patinaje artístico

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“Primero, se empujaba de pared a pared para mantener el equilibrio y un día me planteó que quería salir a la calle. El tema era que había que darle muchas directivas en poco tiempo para que pudiera deslizarse en el asfalto. Él se iba en diagonal y yo tenía que indicarle las indicaciones de derecha e izquierda, le avisaba cuando venían los autos y lo más cómico era para el barrio tener que escucharme a mí que iba al trote dándole las directivas para que él patinara”, recuerda su papá.

Los trillizos Inés, Victoria y Alejo Santamarina nacieron a los seis meses de gestación. A diferencia de sus hermanas, a Alejo no se le formó la retina. Por esa razón lo trasladaron al Hospital Garrahan donde le realizaron una operación con láser sin resultados positivos. Desde ese momento padece la enfermedad retinopatía del prematuro que le impide ver desde que era bebé.

A los tres meses sus padres, Cecilia y Pablo, lo llevaron a una escuela especial donde tenía estimulación temprana visual. Le hacían hacer ejercicios donde le enseñaban a manipular, a estirar la cabeza, a rotar con el cuerpo y a identificar los sonidos, entre otras cosas.

Cuando los trillizos cumplieron un año empezaron a ir a un jardín maternal. A los tres arrancaron el jardín oficial y, paralelamente, Alejo asistía a un jardín paralelo con otros chicos no videntes. “Me acuerdo que nos enseñaron a lavarnos las manos, los dientes y querían que nos colocáramos la pasta solos, nos hacían llevarnos toallitas y jabón”, recuerda Alejo, a la distancia.

“Yo me los quiero poner”

Cuando ya tenía 9 años, una tarde Alejo encontró uno de los patines de una de sus hermanas.

-¿Qué es esto? –le preguntó a su mamá, mientras tocaba el patín con ambas manos.

-Es uno de los patines de Victoria –le contestó Cecilia.

-Yo me lo quiero poner.

-No te lo podés poner porque te vas a lastimar.

-Pero yo me lo quiero poner –insistió Alejo.

-Está bien, yo te lo voy a poner pero si te golpeás después no te quejes –le advirtió su mamá.

Entonces, Cecilia le colocó uno de los patines para ver si podía mantener el equilibrio. Alejo fue probando varios días hasta que logró alcanzar cierta estabilidad. Iba agarrado de la mesa y de las sillas. “Y un día me dijo que se quería probar el otro. Y empezó agarrado de todos lados, comenzó a desplazarse por el living, por el comedor”, cuenta su mamá.

“Primero, se empujaba de pared a pared para mantener el equilibrio y un día me planteó que quería salir a la calle. El tema era que había que darle muchas directivas en poco tiempo para que pudiera deslizarse en el asfalto. Él se iba en diagonal y yo tenía que indicarle las indicaciones de derecha e izquierda, le avisaba cuando venían los autos y lo más cómico era para el barrio tener que escucharme a mí que iba al trote dándole las directivas para que él patinara”, recuerda su papá.

“Al principio, me parecía raro. A veces lo agarraba del brazo cuando él me daba las indicaciones para doblar, pero sino iba siempre solo a su lado. Era algo que me divertía, me gustaba patinar”, rememora Alejo.

“Tenemos un desafío para plantearte”

Cuando ya tenía 10 años Alejo les comentó a sus padres que quería practicar patín artístico con un profesor. Ellos le recomendaron que no se ilusionara porque no sabían si había docentes que les brindaran clases a chicos no videntes.

-Tenemos un desafío para plantearte, venimos con 0 expectativas porque esto es algo nuevo –le dijo Cecilia a Sol, la profesora que los recibió en el Club Atlético Ituzaingó.

-¿Por qué 0 expectativas? Vamos a poner expectativas, vamos a arrancar y vamos a ver qué podemos hacer –le contestó Sol.

Alejo estuvo apenas un mes con esta profesora porque en ese momento se fue a vivir al exterior. “Ella se ponía al lado, me hacía deslizar 20 veces ida y vuelta, después me ponía cerca de una pared, me marcaba figuras y yo las tenía que hacer hasta que en un momento me hacía recorrer la pista y doblar”, recuerda Alejo, acerca de sus primeros días en el patín artístico.

Alejo y Sofía

Cuando Sol se fue del club la reemplazó Gisela Jaime, que cuando lo conoció a Alejo le propuso que bailara en pareja con Sofía, su hija vidente que apenas tenía seis años. “Siempre quise que mi hija hiciera pareja porque esa es mi disciplina en patín artístico y cuando conocí a Alejo supe que juntos trabajarían de manera espectacular. Hable con Sofi sobre la responsabilidad y la importancia de ser solidaria con su compañero ya que eran muy chiquitos y ella era sus ojos en la pista”, recuerda Gisela.

Cuando empezaron fueron muy despacito, tomando muchos recaudos y a medida que fue pasando el tiempo fueron progresando en la velocidad y en la variedad de las coreografías. Desde ese momento comenzaron a participar en exhibiciones de ligas de patín donde participan varios clubes. “La repercusión de la gente es impresionante, cuando patinan ellos se paran a mirarlos, muchos descubren en el momento que Alejo no ve. Cuando terminan la performance la gente se acerca a felicitarlos, le dicen cosas lindas y se sacan fotos con ellos”, cuenta Cecilia.

“Los avances están siempre ya que patín es una disciplina muy perfeccionista, superaron sus límites, siempre respetando hasta donde quiere arriesgarse Alejo ya que él tiene que disfrutar y no padecer este deporte. El reconocimiento es hermoso, a mí me genera orgullo por ellos porque para mí Alejo es mi cable a tierra. Todo se puede lograr cuando lo hacés con pasión y con amor”, se emociona su profesora.

Un video que se viralizó y abrió puertas

Hace un año Marcelo Tinelli compartió un video en las redes sociales de los comienzos de Alejo, patinando con Sofía cuando tenía 10 años, que se viralizó y tuvo millones de reproducciones.

A raíz de todo ese revuelo, en diciembre de 2018 a su papá le llegó la invitación para que Alejo y Sofía formaran parte de un festival en un club en General San Martín, en La Pampa. Esa institución cumplía 115 años y lo festejaba a lo grande llevando a reconocidos patinadores, campeones nacionales y dentro de las figuras que promocionaban en los afiches que estaban en todo el pueblo figuraban Alejo y Sofía. “Nos dieron un recibimiento increíble, realmente él era uno de los invitados especiales, lo hicieron en un polideportivo maravilloso y hasta les habían armado un camarín para que se cambiaran.  No hicieron diferencias entre las estrellas internacionales y ellos”, dice la mamá de Alejo.

“Al principio, no lo podía creer, la gente se entusiasmó mucho con nosotros dos, fuimos los que más llamamos la atención. Cuando patinamos sentimos unos aplausos tremendos, percibí como que nos estaban esperando desde hacía mucho tiempo”, se emociona Alejo, que actualmente tiene 17 años.

“La gente se emociona con nosotros, lo bueno es que no rescatan solamente a Alejo, sino que también aprecian el rol de la pareja porque es muy importante la conducción y las directivas que Sofía le da a él como el desafío que él está llevando a cabo”, expresa su papá.

“Se adoran y confían mucho entre ellos”

Con Sofía, que actualmente tiene 13 años, crecieron juntos y comparten una muy linda amistad. “Tenemos una muy buena relación, hablamos sobre muchas cosas, nos divertimos juntos y si la profesora nos ve que estamos distraídos nos reta como a cualquier alumno”, dice Alejo.

“La relación dentro y fuera de la pista es de mucho respeto y amor. Se adoran y confían mucho entre ellos. Recuerdo cuando eran chiquitos y Sofi le leía cuentos en los ratitos de descanso. Se hablan por celular y se cuentan todo”, agrega Gisela.

Alejo sigue entrenando junto a Sofía, está cursando el último año de la secundaria y una vez que termine va a empezar a estudiar locución y su sueño es trabajar en una radio haciendo entrevistas.

“Nosotros sentimos orgullo de Alejo por como supera las expectativas que habíamos tenido en un principio. Lo que se propone hasta el momento lo logra. Entonces, el mensaje que nos gusta dar es que sí se puede, finaliza su papá.

 

Publicado en clarin.com

 

 

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