“La enfermedad me enseño a vivir”

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Tras atravesar un cáncer de mama, Betina Potap comenzó a sanar algunas heridas y a cambiar su alimentación. “Uno cuando come muchas veces no lo hace a consciencia, escuchando las necesidades de su propio cuerpo, lo hace generalmente guiado por emociones, frustraciones o simplemente tratando de saciar la sensación de hambre. Vincular la comida a la nutrición es llevar nuestro estado de consciencia a nuestro cuerpo, que es lo que nos acompaña en esta vida, y darle lo que el cuerpo necesita para estar y sentirse bien”, dice.

“Mi vida era tranquila, sin grandes altibajos, lo esperable para la sociedad en la que vivimos.  A la distancia, observo esa vida como la de alguien que andaba sin rumbo, adormecida, cargando una mochila llena de piedritas recolectadas a lo largo de la vida e incapaz de aprender a soltarlas. Esa antigua versión de mi misma, creo que la palabra que mejor la describiría es el desamor”. Las palabras corresponden a Betina Potap, 39 años, cocinera, casada y madre de dos hijos.

Cuando tenía 35 su ginecólogo le sugirió hacerse una mamografía de rutina para luego repetirla a los 40. Los estudios arrojaron algo anormal en las imágenes de la mama derecha. De inmediato, la derivaron al sector de ecografías y una hora más tarde le dieron un turno para llevar a cabo una punción. Una semana después ya tenía diagnóstico: carcinoma de mama derecha. Y a los 8 días estaba en quirófano donde le realizaron una cuadrantectomía (se saca la parte afectada por las células malignas de la mama).

“Mi primera reacción en el consultorio de mi ginecólogo y en presencia de mi marido fue que la tierra se abría y que yo caía a un abismo sin fondo. Fue el momento más desgarrador y de mayor soledad que sentí en mi vida. Después del primer impacto, la emoción que me invadió y me sostuvo todo el proceso fue de mucha paz y de amor. Amor porque nunca me dejé querer y cuidar tanto como en ese momento y paz porque ese amor lo empecé a experimentar conmigo misma. Ya era mi momento de despertar. Y así lo viví”, recuerda Betina.

Tras la operación, para el tipo de tumor que había tenido, debía realizarse sesiones de quimioterapia de manera preventiva ya que en la cirugía le habían sacado todas las células malignas. Consistió en dos etapas que incluyeron 4 quimios fuertes, con dos drogas, que se repetían cada 21 días; y luego de eso se completaba con 12 quimios más leves, semanales de una droga. Posteriormente, recibió 35 sesiones de rayos.

Hora de empezar a sanar las heridas

 “Mi esposo fue un pilar increíble en mi tratamiento. Mi enfermedad me permitió correrme de los espacios conocidos y volver a observarlo con mucho más amor y respeto. Fue y es un compañero maravilloso. Mis hijos en ese entonces eran bastante chicos, entonces mi decisión fue desdramatizar lo que me estaba ocurriendo y que se viviera con mucha naturalidad. Para el resto de mi red de amigos y familia fue un shock muy grande mi enfermedad. Por el rol que siempre ocupe, era difícil verme en el lugar de frágil. Pero siempre me sentí muy acompañada”, dice. “Desde hace 4 años y medio que digo que tengo dos fechas de cumpleaños.  La enfermedad me enseñó a vivir. Me ayudó a reencontrarme, a redescubrirme, a elegirme. Todos los caminos que comencé a andar en estos últimos años los descubrí a raíz de mi enfermedad. El diagnóstico fue un gran despertador que yo elegí escuchar”, agrega.

Betina está convencida de que cuando nos enfermamos hay algo que nuestra alma llora y que muchas veces vivimos adormecidos en la realidad que nos muestran sin detenernos a reflexionar si es lo que queremos, lo que nos hace felices. “Hasta mi enfermedad yo cargaba con muchos rencores viejos, historias no resueltas, desencuentros familiares antiguos que con el tiempo y los años lejos de solucionarlos fueron creciendo adentro mío haciendo nido e impidiendo que yo misma me mirara con amor. Cuando enfermé y elegí despertar a esta nueva vida que me estaban regalando, entendí que era tiempo de sanar esas heridas, y sobre todo de empezar a quererme y a elegirme”.

Ese camino de “sanación personal” lo inició acompañada y sostenida por su Maestra Daniela Kusnier. “Ella fue y es muy importante en mi vida, me sostuvo en un comienzo, y al día de hoy es quien me acompaña en este camino. De ella aprendí y aprendo mucho. Me enseñó a mirarme, a quererme, a elegirme, a priorizarme. Me enseño en estos años muchas herramientas para ayudarme a encontrar el camino de regreso a mi corazón y es una permanente fuente de estímulo para mi crecimiento espiritual”.

Cambios en los hábitos alimenticios

 Uno de los grandes cambios que comenzó a experimentar tras la enfermedad tuvo que ver con empezar a modificar sus hábitos alimenticios. El proceso, cuenta, fue gradual y totalmente consciente, asesorada por una nutricionista especialista en naturismo. “Primero eliminé los productos refinados, luego suprimí los lácteos y por último todos los productos con conservantes o químicos. El cambio fue inmediato, al poco tiempo comencé a perder los kilos de más que mi cuerpo tenía, se mejoró mi cutis, mi pelo, mi sueño, mi sistema digestivo, y mientras más tiempo pasó y profundicé en el cambio de alimentación, más aprendí a escuchar las necesidades de mi cuerpo”.

Fue un proceso lento pero sin pausa, en el cual inmediatamente empezó a notar cambios en su cuerpo y fue en ese momento en que se sintió más cerca de la versión de sí misma que estaba buscando. “Uno cuando come muchas veces no lo hace a consciencia, escuchando las necesidades de su propio cuerpo, lo hace generalmente guiado por emociones, frustraciones o simplemente tratando de saciar la sensación de hambre. Vincular la comida a la nutrición es llevar nuestro estado de consciencia a nuestro cuerpo, que es lo que nos acompaña en esta vida, y darle lo que el cuerpo necesita para estar y sentirse bien. Lograr fusionar nuestro estado de consciencia emocional con nuestro cuerpo, a eso llamo nutrirme”.

Después de más de un año de cambios en su alimentación, Betina empezó a tener la inquietud de contar a sus clientes, familiares y amigos de qué se trataba todo eso que estaba vivenciando y sintiendo. Y de esa forma surgió Betina Potap Alimentos Naturales, que es una línea de comida naturista, integral, sin productos refinados, químicos ni conservantes. Se trata de un emprendimiento personal, donde tiene una cartera de clientes que se fue haciendo a lo largo de todos estos años y comenzó con la difusión en las redes sociales desde que nació la línea naturista.

¿Qué cosas aprendiste de la enfermedad?Aprendí que no soy omnipotente, que la vida es un regalo, que elijo como quiero vivirla cada día, aprendí a mirar/me, a escuchar/me; aprendí que estamos acá de paso, y que mientras nos quedemos, podemos elegir ser todos los días nuestra mejor versión de nosotros mismos; y por sobre todo, aprendí a quererme”.

 

PUBLICADO EN LADOH.COM

 

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